Variedades

La cueva de la que no queremos salir

El tema que deseo abordar hoy es un poco complejo. Algo que no debería suceder si tuviéramos una educación en la que se diera valor a las ciencias humanas y a la filosofía. Desafortunadamente, nuestra sociedad no fue educada en la importancia de entender el mundo a partir de conocimientos que analizan los varios fenómenos sociales a los que estamos conectados directa o indirectamente. Como consecuencia, hay un pueblo altamente despolitizado.

Las redes sociales hacen posible, entre otras cosas, poner en evidencia la gran dificultad de las personas para asimilar conceptos básicos para el buen entendimiento de lo que son las diversas corrientes ideológicas y sus divisiones. Por ejemplo, muchos afirman ser marxistas sin haber leído siquiera la obra de Karl Marx o de alguien que intente dilucidar el pensamiento de este autor. Como si no fuera suficiente, aquellos que dicen no estar de acuerdo con las ideas del referido pensador, mucho menos. Sin embargo, ambas partes se creen en el derecho de expresar sus opiniones sobre Marx, sin tener el mínimo conocimiento previo antes de entrar a dialogar con alguien.

No estoy aquí para denunciar que las personas deberían quedarse calladas. Todo lo contrario, deben decir lo que piensan. Pero deben hacerlo con propiedad, conocer los hechos y las causas que defienden. Si no, se convierte en eso que llamamos doxa, es decir, una opinión basada en el sentido común, sin ningún tipo de reflexión sobre éste o aquel tema. Aquí la única intención es la de perpetuar tradiciones, prejuicios y, en la mayoría de los casos, justificar la discriminación.

Los medios de comunicación, especialmente los que pertenecen a los grandes grupos corporativos, contribuyen a esta desinformación que tiene la mayor parte de la población, incluso una parte muy considerable de los más “letrados”, en un estado de espíritu incapaz de ver más allá de las líneas del horizonte, de lograr hacer una lectura crítica de la realidad en la que se vive.

Los medios de comunicación son herramientas que acercan a las personas y, con la globalización y el crecimiento de la Internet, nos han permitido saber, prácticamente en tiempo real, lo que pasa en cualquier rincón del mundo, pero también se emplean para distanciar a los individuos del conocimiento fundamentado en el análisis crítico, en la observación y en el uso de la razón, la episteme.

Creo que si a cada ser humano se le diera la posibilidad de pensar de la forma más autónoma posible, habríamos salido de la cueva (como referencia al mundo de las apariencias), según ilustra Platón en su obra República, en el pasaje sobre el “mito de la caverna”. La gran pregunta es: ¿estamos dispuestos a salir de nuestras cuevas y dejarnos guiar por la luz del sol que ilumina al mundo exterior a esas cavernas?

Esa luz del sol, que podemos entender aquí como conocimiento, está a disposición de todo aquellos que los buscan, como muchas podrían afirmar. Sin embargo, por encontrarse en una cueva, en la cueva individual de cada ser, solo se puede tener contacto con esa luz a través de la decisión de escuchar a aquel que se liberó de las cadenas, que son opiniones (doxas), y desea mostrarlo a los demás.

En la metáfora de Platón, se trata del filósofo que, a través de la filosofía, se liberó de prejuicios y conocimientos erróneos, y quiere dar una oportunidad a los otros de adquirir conocimientos. Y no se trata de un conocimiento doctrinario o del tipo de autoayuda, los cuales dependen de alguien iluminado, superior, que conduce las personas hacía un bien mayor. La filosofía, en realidad, propone hacer de los hombres y mujeres seres intelectualmente autónomos. Quiere decir que, en lugar de guiarse por lo que está dicho, ellos y ellas construyen su propia forma de ver el mundo, lejos de las supersticiones y las apariencias.

Literalmente, el término “filósofo” significa “amigo de la sabiduría”. En este sentido podemos decir que el filoso es mucho más que un título académico. Es alguien que ama tanto el conocimiento que busca a toda costa adquirirlo, por el simple placer de aprender. Aquí está el mayor de los problemas: existe una campaña creciente, siempre lo digo, para que las personas no tengan ese estimulo necesario por aprender. ¡Y no es de extrañar! “Sería una actitud muy ingenua esperar que las clases dominantes desarrollaran una forma de educación que permitiera a las clases dominadas darse cuenta de las injusticias sociales de una forma crítica”, dice el pensador brasileño Paulo Freire.

Lo cierto es que el camino de vuelta a la cueva comenzó a ser seguido por mucha gente que prefiere acomodarse en el medio de la oscuridad a sentir el dolor que la claridad provoca, al principio, cuando se entra en contacto con la luz. Olvido que ese dolor es pasajero. A medida que los ojos se acostumbran, te darás cuenta de que hay un mundo fantástico por ser descubierto y descifrado.

Es una pena darse cuenta que los medios de comunicación desean vernos presos en ideologías que nos esclavizan y nos mantienen lejos de todo el conocimiento que podría beneficiar a la humanidad.

Fuente Marcianosmx.com