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El negocio de la basura se reinventa en tiempo de crisis

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El negocio de la basura se reinventa en tiempo de crisis

Recolectar, cortar, lavar, secar y ensacar bolsas de plástico. Ese es el proceso que curte las manos de 90 por ciento de los habitantes del sector Santa Lucia, que bordea el relleno sanitario La Ciénega en el municipio Jesús Enrique Lossada. Un nuevo oficio que nace de la crisis venezolana debido a la falta de polietino, la materia prima para la fabricación de bolsas plásticas, pero que sustenta el estómago de al menos mil 500 familias que ahí residen, la mayoría de la etnia wayuu.

Aunque el reaprovechamiento de plástico es de vieja data, la tendencia actual es el reciclaje de bolsas de “plástico duro”. En los alrededores de La Ciénega hay expertos en la materia, puede ser desde un adulto mayor, hasta una niña que no alcanza los 15 años. La razón es que las familias adoptaron el proceso como “un negocio familiar”, que comienza con la recolección en lo más alto de las montañas de basura que hace más de 30 años comenzaron a apilarse en el botadero a cielo abierto.

En su mayoría jóvenes y niños “se matan por conseguir pedazos de bolsas buenas”, que no estén tan sucias y lo más enteras posible. De preferencia transparentes y que conserven su rigidez. “Esas las pagan mejor”. El material flexible se comercializa por kilo, “allá arriba cuesta 25 bolívares”. Oswaldo González, de apenas 36 años, le contó a La Verdad su historia. Entre sacos medio vacíos y sentado en una vieja papelera que tenía boca abajo, luce cansado. Eran las 12.00 del mediodía y apenas estaba seleccionando el material que bajó. El hombre, padre de tres niños, vestía una braga color naranja y con los ojos rojos por el trasnocho, dijo que diariamente selecciona 60 kilos de plástico, que sin pasar por otro procedimiento se lo compran en 30 bolívares. Es decir, que por cada kilo se gana cinco bolívares.

“El camión me cobra tres mil bolívares para bajar los sacos que le compro a los ‘zamuros’ allá arriba, no es mucho lo que me queda. Si el día es bueno, me gano ocho mil y para eso me tengo que parar a las 2.00 de la madrugada”. Esa cantidad de dinero le alcanza para un kilo de arroz y “un poquito” de carne molida, pero “hasta que no se hacen los cobres los muchachos no comen”.

Para medio comer

Eleida González es el siguiente eslabón de la cadena comercial. Bastó recorrer unas cuadras del caserío, dividido por trillas de arena rojiza, para conseguir a la mujer. Parió ocho hijos y aunque su esposo aporta dinero a la casa gracias a la siembra de yuca, dijo que “las bolsas plásticas dan las ganancias más rápido”. Aquí el precio varía, un kilo de bolsas sucias se compra entre 80 y 90 bolívares, “dependiendo del sucio de la bolsa”.

Ella le paga a tres vecinas 60 bolívares al día por meter las manos en una ponchera y ayudadas con jabón y cloro, blanquear kilo a kilo el plástico y colocar la bolsa al sol en una cuerda de alambre. “A mí me las compran en 180 el kilo, que sacando los gastos, no es mucho lo que me queda”.

En un abasto de la zona una papeleta de 900 gramos de leche completa se vende a 10 mil bolívares. La hija de Eleida tiene una bebé de ocho meses y un niño de tres años a quienes sustenta con alimento instantáneo preparado que compra en papeleta solo dos veces al día. Le confesó a La Verdad que “no ha podido reunir para comprar la leche”.

El pionero

Gerardo González se autonombra el pionero en la comercialización de las bolsas plásticas. “Comencé debajo de una mata de curarire en el patio de mi hermano porque un señor en la Zona Industrial me dijo que la bolsa de plástico la pagaban a precio bueno y así arranque. Primero con cinco personas que me ayudaban a lavar hasta que hice mi capital. Ahora en un día bueno, puedo tener 30 personas procesando”.

Tres familias se encargan del proceso diario del negocio, son 230 kilos de bolsa recuperadas del relleno sanitario que llegan al terreno. “Los más pequeños hacen el trabajo liviano y los adultos mueven las sacas, las pesan y cortan la bolsa. Una persona puede procesar 80 kilos diarios y cada kilo se le paga en 70 bolívares”.

Gerardo tiene el negocio más organizado de la zona y también el más grande. Semanalmente recupera dos toneladas de bolsa que a su vez le vende a una empresa de Maracaibo. El hombre que no vive en Santa Lucia, reconoció que “la mayoría de las familias que viven aquí son muy pobres y con esto se ayudan. Un trabajador puede sacar de 10 a 20 mil bolívares semanal”.

 

3 mil toneladas de basura llegan diariamente al relleno