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Ahorcó su pene con el anillo de bodas

Abner Sánchez Ynojosa

Existen en el mundo cientos de conceptos que definen la palabra amor, como un sentimiento enigmático que envuelve afectos, deseos, acciones, emociones y montones de sentimientos encontrados; religiosos lo relacionan con una virtud que representa bondad y compasión; incluso los más escépticos sencillamente lo determinan como una estrategia publicitaria para ganar ventas en el Día de San Valentín. Pero en cualquiera de los casos existe y es imposible de obviar.

A su vez, hay en el mismo mundo miles de parejas capaces de hacer hasta lo imposible para que la llama del amor permanezca viva y chamuscando el complemento más importante en una relación, que es el de “la complacencia sexual”. Y al parecer, para Felixberto y Yandra originarios de la ciudad de Johannesburgo en Sudáfrica, “hacer el amor” combinado con juegos eróticos no solo era el norte, sino el sur, este y oeste, quienes disfrutaban cada momento juntos, aun cuando llevaban horas de casados.

La historia de esta pareja relativamente joven comenzó desafiando las leyes impuestas por la sociedad, sobre cualquier indicio de “un verdadero amor”. Él de 34 años de edad, frecuentaba casi todos los fines de semana los cientos de clubes nocturnos de la ciudad, para beber unos buenos tragos de ron y hacer empatía de vez en cuando con alguna mujer de la vida alegre; mientras que ella de 28 era bailarina de Pole Dance y, en un buen tubo con un bikini microscópico captaba la mirada del montón de viejos verdes que solían visitar “La Cubita del Orto”, lugar donde Yandra Alambarrio Tenía escasamente un año laborando todas las noches.

El día en el que

se conocieron

La noche en la que ambos se conocieron, fue la misma que exterminó cualquier impetuoso impulso de seguir vagando sin puerto fijo. La mirada de él se perdió por el largo pasillo de luz tenue, hasta coincidir con la tarima donde justo se hallaba la joven bailando, desatada, sin lazos que la unirán a ninguna obligación.

Fue un momento único cuando sus miradas como dos barcos se cruzaron en la neblina y ahora seguirían por el mismo sendero. Y a la vez casi como una de esas parejas creadas en un culebrón de Leonardo Padrón o Martin Hahn, quienes ingenian un amor a primera vista y pese a las adversidades nada ni nadie evita que terminen juntos.

Felixberto ni corto ni perezoso, pidió los servicios de la joven, sin embargo se llevó el estrellón de su vida, al darse por enterado a través de uno de los mesoneros, que la muchacha no era una prostituta, sino única y exclusivamente que bailarina. Entonces decidió esperar que terminara su trabajo para invitarla a tomar unas copas. Pero Yandra rechazó la invitación y cogió camino pa’ su casa, como de costumbre, en uno de los taxis del club.

Se las jugó hasta las

últimas consecuencias

 Por alrededor de tres meses el joven frecuentó “La Cubita del Orto” con el claro objetivo, en la mujer que le había flechado el corazón, los intestinos, la razón y todo su ser. Aunque Yandra más dura que un iceberg en medio del océano atlántico nunca cedió al joven, más que varias miradas con las que se revelaban lo que el uno sentía por el otro.

Airado y al mismo tiempo negado a darse por vencido, Felixberto se las jugó hasta las últimas consecuencias por la mujer con la que estaba seguro que sería la madre de sus hijos. En aquel momento le avisó a toda su familia que se iba a casar y que por fin iba a dejar su vida de casanova para enseriarse como Dios y la ley manda.

Todos sus allegados al enterarse de la noticia no acaban de creérselo. Después de tanto “hablar peste” del “matricidio” como solía llamarle, el joven iba a amarrarse para toda la vida. No obstante, lo que realmente impactó a su familia más que la idea del matrimonio, era que hasta incluso había programado una despedida de soltero y nadie conocía a la futura novia.

Para completar la curiosidad y zozobra, a su despedida de soltero invitó a toda su estirpe, incluyendo hombre y mujer.

Luego de que la fiesta tuviera rato de haber empezado y tras los típicos jueguitos que suelen hacerle al futuro esposo. La música y las luces se apagaron como si se tratara de un tedioso racionamiento eléctrico. De pronto haces de luz intermitente y el bajo musical comenzó la verdadera pachanga. Yandra había sido contratada para dar el espectáculo de su vida.

Dueña en lo absoluto de la barra vertical, ubicada en la tarima del lugar donde se llevaba a cabo la rumba. En medio de ascensos, acrobacias, inversiones corporales y la aplicación de técnicas de gimnasia, danza y expresiones que iban al compás del rito de una música ardiente, la joven fue la sensación de la noche. Bailó como nunca antes lo había hecho.

Todos de pie honraron con aplausos y halagos su talento. Pero al terminar el último aplauso, Felixberto se acercó a la tarima y con un costoso anillo de compromiso le pidió a Yandra que se casara con él. El momento se llenó de sentimientos incontrolables y una turbulenta sensación sacudió a la muchacha, quien emitió un largo suspiro y sin saber cómo o por qué aceptó la abrupta propuesta hecha.

Se unieron felices

para siempre

Vertiginosamente ambos tortolitos se unieron en matrimonio. Fue una boda menos pomposa que la despedida de soltero, pero digna de dos mozalbetes enamorados y, acabada la fiesta cada quien pa’ lo suyo.

Los recién casados tan veloces como autos de carrera, se fueron directo a un lujo hotel al norte de Johannesburgo. Los dos estaban desesperados dispuestos a inventar un montón de razones para mantener viva la llama del amor y el placer en la unión que iba a consumarse.

Felixberto tenía peculiares ideas eróticas en su fuero interno y sin medir las consecuencias creyó prudente para sorprender a Yandra, quien se hallaba en la cama como Dios la trajo al mundo, colocarse alrededor de su pene la sortija de compromiso. Pero no contó con que el anillo iba quedársele atorado y sufrió el dolor de su vida.

Fue remetido de urgencias al centro asistencial más cercano de su localidad, en donde los médicos de guardia se vieron obligados a aplicar perforaciones en el pene para liberar la sangre almacenada.

Así, la hinchazón disminuyó y pudieron retirar el anillo a través de una intervención quirúrgica, pero su recuperación requirió antibióticos y analgésicos durante tres semanas.

“Su pene estaba muy hinchado y azul. Felixberto informó que se había puesto el anillo cuatro horas antes por razones eróticas”. Al tanto que era consolado por Yandra, quien estaba calmada al saber que el incidente no afectaría la virilidad de su esposo y que tras el tratamiento todo pararía a la normalidad.

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