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Otro arbitraje escandaloso impide la victoria del Barça

El Barça quería meter presión al Real Madrid y acabó presionándose así mismo. Debía ganar al Betis en el Villamarín y no lo hizo. Arañó un punto insuficiente. Por su partido irreconocible, cargado de muchos errores individuales, y también porque el colegiado Hernández Hernández no concedió un gol legal de Jordi Alba con el balón traspasando la línea. Él sí lo vio, su linier no. Luis Suárez empató en el minuto 90 pero el 1-1 es un frenazo de un Barça que nunca creyó en un liderato provisional.

Los jugadores del Betis desayunaron con un enorme titular periodístico que les recordaba que ganar al Barça “es improbable pero no imposible”. Y a partir de que se distribuyeron sobre el campo, con una defensa de cinco y buscando el contragolpe, trataron de ejercer de matagigantes. El Barça se despersonalizó, se expuso con numerosos errores y se mostró vulnerable. Las rotaciones de Luis Enrique no mezclaban esta vez y el Tridente convirtió su territorio ofensivo en una isla.

El Barça gira alrededor del tridente y si el resto son sabe cómo enlazar, el poder se diluye. Luis Enrique retocó los laterales, dando entrada a Aleix Vidal, y esta vez situó a Rakitic como mediocentro. No hubo conexión y sí muchos errores no forzados. Incomprensibles y repetidas perdidas de balón –la culpabilidad era general- que irritaron al técnico en la banda. Lucho no disimulaba su enfado, dando puntapiés a los botellines de agua. Piqué también andaba desesperado.

El balón se extravió y el Barça cayó en un socavón de desconcierto. El Betis iba a lo suyo pero le faltó maldad atacante, instinto. Hizo trabajar a Ter Stegen pero sus chuts, de Ceballos y Rubén Castro, perdían fuerza al llegar a la portería. Con mayor paciencia e intensidad sujetaban al Barça. El depósito de su fuerza física les hacía carburar. Se sentía superior.

Los azulgrana solo respondieron con los béticos cansados. Hasta el 37’ fueron incapaces de hilvanar una jugada con sentido y orientación. Pase interior de Messi para que Neymar probara una rosca que Adán adivinó. Un calco de otras recientes. La primera parte acabó con el público en pie aplaudiendo y celebrando que el Barça no estuviera ya ganando.

El Barça se abonó esta vez al suspense. Una película de intriga justo en el momento de meter presión al Real Madrid. La reprimenda de Lucho no surtió efecto. Mismos problemas, nulas soluciones.

El gol iba cocinándose a fuego lento pero nadie sabía qué equipo lo sacaría antes del horno. Aleix Vidal lo intentó con un chut desviado y también el Betis con un tiro lejano que detuvo Ter Stegen. Lejos de venirse abajo, el Betis se convencía de sus opciones.

Los tótems ofensivos del Barça tampoco lograban sacudirse el escrache defensivo. Messi no daba con la brújula para salir del laberinto e, incluso, Luis Suárez resultaba fallón. Con un reguero de pérdidas de balón interminable, el partido reclamaba menos ortodoxia y más determinación. Era el Barça el que, temeroso, tapiaba la portería. El portero alemán arriesgaba en sus salidas.

Luis Enrique miró su libreta y recompuso en el equipo con dos mediocentros y Aleix por la banda. Y cuando trataba de levantarse, el Betis marcó en el saque de esquina. Los andaluces se daban una alegría.Un tanto que vino precedido de dos balones al atravesaño y al poste, el último de Rubén Castro.

El Barça despertó con el gol en contra y llegaron las jugadas polémicas. Un gol fantasma que el árbitro no señaló y otro que pudo ser y no llegó entrar. Al partido le faltaba picante arbitral y ya lo tenía. En el último minuto, el Barça logró empatar con un gol fabricado por Messi, filtrando un pase que Luis Suárez logró enviar a la red. Es entonces cuando todos recuerdan la jugada del gol fantasma que el árbitro no concedió.} else {