Variedades

Las mujeres que contribuyeron a la locura a Vincent van Gogh

Nunca faltan historias de amor alrededor de la figura de hombres y mujeres emblemáticos. En el ámbito artístico, esta regla no es la excepción. La literatura, el teatro, la danza o la pintura cuentan entre sus filas con ejemplos vastos de romances tristes, parejas tormentosas y toda una serie de amores afamados por las repercusiones que llegaron a significar para sus participantes.

Las relaciones sentimentales de los artistas, generalmente, son tema de polémicas discusiones y recapitulaciones históricas; episodios capaces de ayudarnos a comprender el universo creativo de algún excéntrico personaje. Desde Jackson Pollock hasta Vicken Parsons, un sinfín de nombres han desfilado por los expedientes de las relaciones más escandalosas en el reino del arte, pero todo relato precisa de un comienzo y todo inicio requiere de una línea.

“¿Por qué te vas, si mañana vendrás de nuevo?”, con esta pregunta, pronunciada hace más de un siglo, el pintor holandés Vincent van Gogh detiene a Sien al filo de la puerta, la prostituta cinco años mayor que él de quien Van Gogh se enamoró perdidamente… esa escena resuena después de conocer la historia y es digna del cuadro posimpresionista más hermoso. De alguna u otra manera, todas las historias de amor comienzan así, sólo necesitan una línea.

Eugenia Loyer o el primer desengaño del amor

Eugenia era la hija de Úrsula Loyer, casera del pintor en el barrio de Convet Garden, en Inglaterra, donde Vincet vivió una temporada entre 1873 y 1874. La relación fue fugaz. Úrsula jamás apoyó la idea de que su hija se relacionara con Van Gogh y todo concluyó. Después de esto, el artista se deprimió tanto que buscó consuelo en la religión.

 

Kee Vos-Stricker, la prima deseada

Después de haber terminado con sus aspiraciones religiosas, Van Gogh volvió a Etten, en Holanda, donde su familia poseía algunas propiedades. Allí conoció a su prima y de inmediato trató de conquistarla. Sin embargo, Vos-Stricker siempre lo rechazó y su cansancio la condujo a huir fuera de casa. No volverían a encontrarse jamás.

María Hoornik (Sien) , la prostituta sin rastro

El pintor conoció a Sien en 1882. El nombre completo de ella es Clasina María Hoornik, pero Van Gogh también la llamaba Sien. La mujer, cinco años mayor que él, estaba embarazada de otro hombre: “este invierno me encontré a una mujer embarazada que estaba mendigando en la calle para ganar su pan. (…) La tomé como modelo y he trabajado con ella todo el invierno. He protegido de ella y de su bebé durante todo este tiempo al compartir con ellas mi propio pan. Comencé una nueva vida…”

La relación entre los dos se hizo cada vez más estrecha y al cumplir los dos años de convivencia, Van Gogh le escribió a su hermano para hacerle saber que quería casarse con ella; sin embargo, más tarde recibiría una respuesta de su hermano en donde le expresaba su rechazo a la idea y lo condicionaba; o dejaba a la prostituta o se acababa el dinero de su hermano.

Van Gogh, contra su voluntad, abandonó a Sien.

Margot Begemann, la vecina destrozada

Hacia finales de 1884, Vincent se mudó a Nuenen. En ese lugar se relaciona con su vecina de enfrente, Margot, quien tenía diez años mayor que él. Después de intentar que su relación funcionara sin llegar a ningún acuerdo, Margot intentó suicidarse con estricnina (una clase de veneno doméstico utilizado para exterminar ratones y pájaros) lo que terminó en un escándalo. Razón por la que, una vez más, Van Gogh se vio forzado a dejar Nuenen para trasladarse a otro sitio. Esta relación duró sólo dos meses, pero sería recordada por el artista hasta su muerte.

Las últimas palabras que dedicó a Margot, Van Gogh se las escribió a su hermano en una de sus misivas: “amar es fácil, lo difícil es ser amado por quien uno ama…”.
Marguerite Gachet, un ramo de flores amarillas

En 1890, Van Gogh conoce a Marguerite Gachet, hija del  doctor que lo atendió y al que pintó en uno de sus más célebres cuadros. Pese a las nobles intenciones del artista, el doctor Gachet se negó de forma rotunda a la relación entre su hija y el pintor por entender el desequilibro emocional del que pintor era víctima. Sin embargo, se dice que ella estaba realmente enamorada de él y lo recordó durante más de cincuenta años al llevar un ramo de flores amarillas hasta la tumba de quien es considerado uno de los más grandes exponentes del posimpresionismo.

Las relaciones humanas son complicadas y un poco más los idilios entre un pintor y sus musas. No obstante, la personalidad enigmática y controvertida de Van Gogh sometió a las mujeres que lo conocieron bajo un encanto más allá de la comprensión de quienes saben la historia del pintor de cuadros como “La casa amarilla” (1888), “El dormitorio de Arlés” (1888) o “El café de noche” (1888). Vincent Van Gogh, el pintor que soñó más de lo que vivió y pintó menos de lo que hubiera querido. Su historia también sucedió en los labios de estas mujeres, mismas que, sin haber pintado jamás, trastocaron la historia de la pintura.