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CRÓNICA: Falleció tras dar sexo oral al hombre de su vida

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CRÓNICA: Falleció tras dar sexo oral al hombre de su vida

Abner Sánchez Ynojosa

Lo que prometía ser una noche de placer y lujuria terminó por convertirse en una noche de tragedia, para una pareja que pretendía experimentar nuevas sensaciones al momento de hacer el amor en la Ciudad Obregón, estado Sonora de México.

Durante todo el día Edith R. estuvo maquinando cómo iba a sorprender a la Mario J. su amante y al mismo tiempo el hombre con el que mantenía desde hacía un año una relación sentimental, pero que jamás dicha unión había pasado de una placentera relación sexual.

Al decir verdad Edith de 25 años de edad, no era más que el plato de segunda mesa para Mario de 47 años, quien tenía alrededor de 20 años de casado y que solo encontraba en la joven una buena rochela.

Sin embargo, la muchacha ingenua siempre se creía las mentiras del hombre, quien le prometía desde la luna, las estrellas, el sol hasta abandonar su hogar por una noche como la que ésta siempre le regalaba. Era toda una experta en satisfacerlo, incluso solía leer por largas horas las miles de versiones de textos del Kama-sutra y al igual que un periodista con libreta y lápiz en mano escribía sus próximas posturas eróticas. Eran notas rápidas y contundes, ágiles, duras y fieras mezcladas con un toque de excentricismo, que solo ella era capaz de lograr en la cama o en el piso.

Pervertido sí, pero divertido.

Además, la muy sangaletona no le importaba recorrer el centro de Ciudad de Obregón, en busca de una tienda de juguetes sexuales con los que pudiera apaciguar su actitud ninfomaníaca que la caracterizaba.

Buscaba un norte

en atajos inestables

Lo que realmente quería Edith, era un norte, esa estabilidad emocional que nunca había alcanzado tener, pero en lugar de buscarla por el lado correcto, comúnmente se entrometía por atajos que la conducían hacía la ansiedad y una efímera sensación. Entonces estaba coligada en la insipiente paradoja, de ser una veterana en la cama, aunque nunca hubiera hecho el amor con nadie.

Así el tiempo pasaba y, detrás de su bonito cabello castaño que se solía soltarse por encima de las orejas; las elegantes y bien montadas pestañas; el brillo de sus ojos azul oscuro y el mohín de los rojos y suaves labios, se escondía una Edith alicaída, febril, vulnerable e incauta a la que cualquiera pudiera hacerle lo que quisiera.

Sentía que la faltaba

algo más cierto

Mario por el contrario usaba sus pasados 40 años de edad, como una estrategia arraigada en el dicho “el buen vino entre más viejo más bueno”. De porte marcial, con una cintura enorme que parecía fluir como un océano hacia un abdomen bien trabajado, brazos gruesos y piernas como columnas, a la vez combinaba con la taimando capacidad de envolver a la que fuera. Solo necesitaba una rebuscada frase que se le viniera a la mente, tras el montón de libros de cowboys que había leído en antaño.

Tenía una esposa abnegada y sumisa que jamás ejerció su profesión como docente de literatura inglesa para atenderlo a él y, a su dos hijos, un apuesto joven de 17 años de edad y una encantadora señorita a punto de cumplir sus quince primaveras. Para él su familia lo era todo, decía que los amaba e incluso nunca en su hogar faltó comida, cobija y el sinfín de obligaciones que suelen recaer sobre los hombros de un padre de familia.

La esposa de Mario siempre lo trató como un rey. En el combo del buen trato venían incluidos al cien por ciento lo emocional, sexual y servicial. Pero al parecer este inconforme hombre buscaba algo más cierto fuera de su estirpe.

Los tan deseados caramelos

llamados “Halls negros”

Entretanto Edith tras buscar como una desquiciada la manera de satisfacer al hombre de su vida, encontró una página web que le proporcionó la información sobre la tendencia en utilizar pastillas de menta intensa, para realizar sexo oral, pues según el sitio web esta manía hacía que se aumentara la sensación placentera.

Además, fue animada por los cientos de perfiles en redes sociales que proporcionaban información sobre dónde conseguir estos dulces, y hasta tutoriales de cómo usarlos con supuesta precaución.

Sin más que decir o indagar buscó por varias tiendas de la ciudad los tan deseados caramelos llamados “halls negros”, para lograr su objetivo. La joven se las ingeniaba con una fuerza surgida de la planificación, la obsesión y la expectativa al pensar que con sorprender a su absorto amante, iba conseguir que éste dejara su hogar.

Una noche fatídica

fue lo que consiguió

Una noche cada 15 días era lo único que le ofrecía Mario a Edith, con la excusa en casa de que supuestamente realizaba sobretiempo en el trabajo.

Entonces la joven ni corta ni perezosa la aprovechaba al máximo. Sostenía que cada noche debía ser irrepetible, una noche en que las fantasías, la imaginación y el delirio estaban obligados hacerse realidad.

Él recuerda que esa noche desde que entró al apartamento de la de la joven, ella estaba algo intensa, aunque dicha intensidad era mezclada con un toque extravagante en su manera de ser, llevaba una gabardina negra, con un cinturón que le llegaba a los pies descalzos. Muy fuera de lugar, en un sitio donde no había cabida para formalismos ni para mucha ropa que se diga.

Edith al parecer gozaba verlo a la expectativa y que por alguna u otra razón, éste cedía a sus encantos. Entonces una vez en la habitación excitada sonrió sin pronunciar palabra alguna, se desabrochó despacio los botones delanteros y el cinturón; se puso de espaldas y sin que él la avistara se sacó del bolsillo un caramelo de meta que se metió en la boca como un exquisito pasapalo. Después con un brusco movimiento, dejó caer la prensa al suelo.

No llevaba nada debajo.

Se colocó de frente, pero al ver la asombrada cara de Mario y las ganas que tenía de poseerla como un salvaje leopardo en los pastos altos de una sabana, le puso las manos en el pecho para dominarlo y, ladeó el cuerpo provocativamente en dirección al suelo hasta ponerse de rodillas.

En el piso a la merced de aquel animal elegante, duro y macho, solo consiguió desabrocharle el pantalón.

Mario cuando era interrogado por las autoridades policiales a su mente le invadió el aliento gélido junto con cada sensación glacial que sentía cuando ella le practicaba el sexo oral. También evocó de ese momento como el corazón le latía acelerado que poco después le hizo encenderse como un acto de carrera. Luego lo horrible e inesperado. Realizó un rustico movimiento con su miembro y empujó el caramelo “Halls negro” hacia la garganta de la mujer, quien comenzó a ahogarse.

Ese espelúznate instante que él quería desterrar para siempre de su mente, se remontaba en su psiquis una y otra vez. La belleza de su amante que estaba en su punto álgido en ese breve y a la vez eterno tiempo pasó a convertirse en una belleza desvaída.

La reacción inmediata del hombre que carecía por completo del conocimiento de cómo aplicar una Maniobra de Heimlich –comprensión abdominal–, fue darle golpecitos en la espalda a su pareja para lograr que expulsara el caramelo, pero eso no ocurrió y lentamente las facciones de Edith se volvían descoloridas y tumefactas. Después sus carrillos tomaron un color purpúreo. A toda costa trató de respirar y al no conseguir falleció en instantes.

La escabrosa situación provocó la atención de los medios y redes sociales, por lo que fue imposible para Mario impedir que se enterara su familia. Y aunque su esposa no lo abandonó, en más de una ocasión Mario ha requerido ayuda psicológica para superar lo acontecido.

Por su parte, las autoridades recomiendan a la ciudadanía no usar estos dulces para dar placer ya que son muy duros y resultan peligrosos. O si lo van a hacer, primero deben tomar un curso en la cruz roja para aprender maniobras de salvación y resucitación.

Correo: abnersanchez1996@gmail.com

Instagram: @abner.sanchez.ynojosa

 

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