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La sociedad ocultista que dio origen al arte abstracto

La sociedad ocultista que dio origen al arte abstracto

Aunque es inevitable, emitir juicios sobre alguien a partir de una primera impresión es un arma de doble filo. No siempre es posible conocer todas las facetas de las personas y nos quedamos con un fragmento, una idea incompleta. No nos damos cuenta de que detrás de alguien que parece un charlatán, podemos encontrar una mente llena de conocimientos e ideas increíbles y reveladoras.

Así fue la vida Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891). Nacida en una provincia del antiguo Imperio Ruso, Blavatsky fue amada por muchos pero repudiada por más. Es considerada un exponente del esoterismo y el ocultismo; pero además fue una escritora y teósofa revolucionaria que no aceptaba las normas de la sociedad en la que le tocó vivir.

En 1875, Madame Blavatsky y Henry Steel Olcott —un coronel estadounidense— fundaron la Sociedad Teosófica; una doctrina esotérica cuya premisa planteaba que “no hay religión superior a la verdad”. De ahí que Blavatsky afirmara que la teosofía es sinónimo de verdad eterna. Con apenas 59 años de edad, Madame Blavatsky murió hace más de un siglo; pero sus contribuciones en todos los ámbitos aún están presentes. De acuerdo con sus biógrafos, sus ideas influyeron en la religión, la ciencia, la política, la cultura y el arte.

Sin embargo, pocos saben que el arte abstracto se formó en cierta medida gracias al creciente interés que los artistas mostraron por el misticismo y el ocultismo; y por supuesto, por las ideas espiritistas plasmadas en los textos de la teósofa rusa. El arte abstracto tal y como lo conocemos y admiramos hoy surge a finales del siglo XIX. Es un movimiento artístico con el que podemos maravillarnos gracias a su simplicidad. Es capaz de prescindir de todos los elementos figurativos, pues reduce la representación a aspectos cromáticos, formales y estructurales. Presenta imágenes con formas indefinidas, compuestas por líneas, puntos y colores vibrantes.

Fue en la década de 1890 cuando los artistas abstractos comenzaron a interesarse por la teosofía –que en ese momento florecía como culto–, porque se encontraban en un periodo de transición y encontraron en las afirmaciones de este movimiento espiritual ideas sugerentes, maravillosas y flexibles que los ayudaron a establecer los fundamentos teóricos del arte abstracto, que terminó por ser una manifestación de ideales espirituales.

Blavastky no estableció fórmulas específicas respecto al arte, pero sus escritos sirvieron como base para que los fundadores del movimiento abstracto —como Wasilly Kandinsky, Frantisek Kupka, Piet Mondrian y Kazimir Malevich— tomaran los fundamentos de la espiritualidad que les permitieron acceder y comprender la sabiduría antigua, los principios cósmicos de la existencia humana y el mundo natural. De este modo podrían comunicar las verdades ocultas detrás de los símbolos del arte.

Es quizá de ahí de donde tomaron la idea de hacer representaciones simbólicas a través de las cuales expresaron conceptos espirituales que más tarde evolucionarían en el arte abstractos tal y como lo conoces. Pero esta búsqueda también los llevó a transitar por un inevitable proceso en el que llegarían a representar y expresar el reino cósmico.

Madame Blavatsky fue una mujer misteriosa y fascinante; pero la falta de rigor intelectual en sus textos generó diversas críticas que provocaron que la vasta información contenida en sus escritos no fuera considerada confiable. A pesar de ello, fue leída por muchos y logró dar a conocer un panorama del pensamiento ocultista de la época. Además de que —directa o indirectamente, según se vea— ayudó a crear un tipo de pintura en la que el color, las líneas y los contornos se convirtieron en el medio idóneo a través del cual fue posible expresar y experimentar los conceptos divinos.