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CRÓNICA ROJA – Hay amores que apuñalan y caen a martillazos

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CRÓNICA ROJA – Hay amores que apuñalan y caen a martillazos

Abner Sánchez Ynojosa

Priscila Barto de 48 años edad, alta, piel trigueña y ojos color mar; dejó su hogar cuando apenas contaba con 19 y decidió formar uno propio tras unirse en matrimonio con Juan Gabriel Colina, que siempre la superó en edad por 5 años. Lo que nunca imaginó Priscila fue que allí en el recóndito lugar de Perijá estado Zulia específicamente en el sector San Andrés de la Villa del Rosario, se convertiría en una de las siete de cada 10 mujeres en el mundo que sufre violencia intrafamiliar, una historia de nunca acabar.

El martes 31 de octubre del año en curso, cuando el sol ardiente con luz destellada obligaba a entrecerrar los ojos para mirarle, en ese instante un especie de paroxismo la arrastró al día de su boda; recordaba lo emocionada que estaba y justo su tía Dairee entró a la habitación para desearle suerte, suerte que iba acompañada de un consejo, en que le advertía que era bueno que toda esposa sumisa se quedara en casa a servirle a su marido.

29 años después ella vive aterrada buscando día y noche cómo encontrar la receta perfecta y distinta que consiga agradar a su esposo, para que éste en cambio no la agreda con golpes que en muchas ocasiones han provocado que sus ojos se cierren no por el ardiente sol, sino por la hinchazón y debe esperar literalmente prisionera en casa, para que los moretones físicos desaparezcan. Pero los del alma se mantienen y cada vez son peores.

Aguantar por sus dos hijas una de 15 y otra de 21 años, es una carta debajo de la manga que se ha ido deteriorando con el tiempo, en donde el silencio se coliga como un aliado del miedo que vence el deseo se hacerle frente a la realidad y arribar una institucion policial venezolana, de esas que a diario atiende entre 15 a 20 mujeres víctimas de maltrato. Sin embargo, la realidad de Priscila es otra, nunca ha llenado una hoja de registro en la que expondría de manera formar el caso, porque prefiere no salir de casa.

Pero decisiones como estas cuestan caro porque pese a los importantes avances que se han producido para erradicar la violencia de género, quedarse en casa crea vacíos significativos en cuanto a las estadísticas de maltrato en el país, por lo que datos no son precios. Hay mujeres que no acuden ni a centros de salud ni a las administraciones de justicia por lo que quedan fuera de las estadísticas.

Feminismo o estrategia política

El Gobierno venezolano se ha caracterizado por crear en el país un estandarte de feminismo, como una especie de consigna que dejó el precursor de la Revolución Bolivariana, el fallecido presidente Hugo Chávez. Desde entonces se han establecido leyes integrales contra la violencia de género y la igualdad social, no obstante, tal parece que dichos esfuerzos lucen vanos, porque recientes informes de la ONU y cientos de ONG entre las que destacan el Centro de Justicia y Paz, del Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, Fundamujer y Asociación Larense de Planificación Familiar sitúan a Venezuela entre los 15 países con más feminicidios en el mundo.

“Venezuela es uno de los países con las cifras más altas de violencia contra la mujer. Se calcula que 50% de las mujeres venezolanas han sido, son o serán víctimas de algún tipo de violencia. Es decir: 4 de cada 10”, explicó Beatriz Borges, directora de la ONG Cepaz.

¿Feminismo o estrategia política? Es la pregunta que se hiciera cualquiera, porque para el 2016 más preocupante que el número de afectadas era la gran impunidad existente en el país en esta materia: “Existe 96% de impunidad en las denuncias que se hacen de estos casos. Datos de la Fiscalía General de la República indican que la segunda causa de muerte violenta en el país es el feminicidio”. Y si se compara este mal con otros que arraiga a la población criolla, en donde a diario sin descanso se vive una pugna de poderes en medio de una crisis económica con una desbordada inflación de tres dígitos y severos problemas de escasez de alimentos y medicinas, que en lugar de mejorar por el contrario se afincan originándose estallidos sociales que son reprimidos con poderes supuestamente plenipotenciarios.

Equivocación sin precedentes

El domingo 12 de noviembre cerca del mediodía, sentada en una vieja mecedora ubicada entre la sala principal y el patio en donde una lánguida pero fría brisa golpeó el atribulado rostro de Priscila Barto, quien esperaba con miedo a Juan Gabriel Colina para decirle finalmente que quería el divorcio, porque estaba dispuesta a comenzar una vida nueva.

Entonces se cuestionó y pensó para así “ojalá mi tía Dairee se hubiera equivocado en su comentario en que era buena que una esposa se quedara sumisa en casa. Mi vida iba a ser una suerte pequeña de ambiciones vulgares”.

De pronto hace acto de presencia bajo presumiblemente efectos de alcohol, Juan Gabriel un hombre de nariz prominente, macizo, blanco, alto como basquetbolista. Deseaba ser atendido cuando vio a su esposa un poco remisa ponerse en pie, y acto seguido le disparó la noticia del divorcio que éste recibió como un balde a gua fría.

Un espectáculo como el de la noche anterior vivida entre tragos y amigos, Juan Gabriel inició luego de que en lugar de mediar palabras, tomara a Priscila por los pelos y la arrastrara a la habitación. Las hijas de ambos que intuían lo que iba acontecer se escondieron debajo de la cama. Era necesario desaparecer por un momento del mundo, hasta que su papá se durmiera.

Pero nada iba hacer igual después de ese día, papá tiró a mamá a la cama salió de la habitación y a su regreso –con instinto de Jason Voorhees el protagonista multihomicida de la serie de películas de terror “Viernes 13”– sostenía en la mano derecha una navaja y en la izquierda un martillo. Los gritos de ella colisionaban con el aullido del viento en los árboles. Ningún vecino o amigo cercano reaccionó, “era violencia intrafamiliar, un lío entre dos y que terceros siempre salen sobrando”.

Juan Gabriel bajo el recitar “tu no me abandonas” le propinó a su esposa 20 puñaladas en distintas partes de su humanidad. Ella no dejó de luchar ni un segundo mientas estaba consiente, hasta que su luz se gastó cuando su agresor decidió dejar de un lado el puñal para acentuarle dos martillazos en la cabeza.

Según familiares de Barto, su marido la amenazaba constantemente con herirla, esto debido a que ella se divorciaría de él.

“Ella habló conmigo el sábado en la noche, y me dijo que pronto se mudaría de la casa porque tenía miedo que le hiciera un daño mayor. Él estaba furioso con  Priscila  porque lo dejaría. Presumimos que eso fue el detonante de la pelea del domingo”, contó la hermana de la víctima, Nieves Barto.

Juan Gabriel, tras cometer el crimen, se cortó los brazos y corrió hacia la calle gritando que su mujer lo había herido. Tras comprobarse la falsedad de su llanto, los detectives del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo llevaron preso.

“La apuñaló 20 veces en todo el cuerpo.  Además de eso, la golpeó con un martillo en la cabeza y el pómulo izquierdo, intentó degollarla, le cortó las venas de las manos,  y le  hizo cortes profundos en ambos brazos”.

Ahora ella se debate entre la vida y la muerte en el Hospital General del Sur y aunque aún no ha declarado, ya pasó a formar parte de las estadísticas del Rol de la Cooperación Internacional en la Igualdad de Género que confirma que el 50% de las mujeres de Venezuela ha sido víctima de algún tipo de violencia por parte de su pareja. Para su alivio, Priscila ya no está confinada junto a su esposo a una misma habitación, un lugar donde ocurren muchas cosas pero pocas salen a luz pública.

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