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miércoles, junio 12, 2024

“Contra las hordas campesinas, ladronas y asesinas…”

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Por Carlos Raúl Hernández

“La leyenda negra es la falsa historia de España contada por los enemigos de España”, dice el argentino Marcelo Gullo, autor de un libro de respuesta a López Obrador, Nada por qué pedir perdón (2022) en su requerimiento de disculpas a Felipe VI y al Papa Francisco “por los crímenes de la conquista”. El primero no respondió, pero Francisco sí, lo que hace pensar a desprevenidos que había razones para hacerlo. Conviene recordar que Jorge Mario Bergoglio, décadas atrás Superior Provincial de la Compañía de Jesús, dice: “fuimos forjados por España …somos hijos de una gran conciencia …la obra de España en América, más que una empresa, fue una misión…del pueblo español que se volcó a estas tierras con lo mejor que tenía: su cultura y su fe…este es un legado que nos enorgullece y nos compromete”. La leyenda negra (¿Bergoglio o Francisco?), entiende la historia como biografía de la lucha de clases, narraciones dolientes para, según mi gusto, condenar “a los malos” y condecorar a “los buenos” y no como el propósito científico de armar el rompecabezas de la acción humana, construir explicaciones epistemológicas válidas y compararlas con otras. La leyenda negra es el reino brutal de las falsificaciones de su creador, Lutero en el contexto de las guerras religiosas contra el emperador Carlos V y para dividir la Iglesia, cisma que encabeza, según él mismo confiesa, porque no podía embridar su deseo sexual como lo imponía el canon.

Desde que inició el cisma en 1517, Lutero arrastró Europa y su país al genocidio, la guerra, la tortura, el odio, la liquidación de seres humanos por sus creencias, primero los católicos y de inmediato la parte pobre de los mismos protestantes. Los 300 y tantos príncipes de los lander alemanes, apoyaron a Lutero para socavar al emperador católico, Carlos V y quedarse con los bienes de la Iglesia y, pero estaban amenazados de muerte en las guerras campesinas que Lutero desató desde 1524. Los campesinos lo siguieron creyendo librarse de miserables condiciones de vida, pero cuando ya no los necesita, emplea a fondo su influencia sobre la nobleza para exterminarlos. Escribe sin matices ni cuidado por las repercusiones de su lenguaje de crueldad y saña incomparables: “Contra las hordas campesinas, ladronas y asesinas, mojo mi pluma en sangre. Sus integrantes deben ser aniquilados, apuñalados, en secreto y públicamente, por quienquiera que pueda hacerlo, como perros rabiosos”, y mataron 130 mil campesinos en el centro de Alemania. Pero, ¡misterio gozoso!, autor intelectual y promotor del levantamiento y luego del genocidio, Lutero se convierte en fiscal y “referencia moral” que enjuicia “los crímenes de España” en operación de cinismo asombroso y enormemente eficaz, que inicia la propaganda en sentido moderno contra la Iglesia Católica y su principal baluarte, España.

Usa masivamente la imprenta y publica cerca de 3500 panfletos plagados de monstruosidades, con falsas y aterradoras ilustraciones de Lucas Cranach, Theodor Bry y otros artistas. Esto no impidió que Max Weber fuera luterano ortodoxo, pero si habla de la grave sicopatía que lo llevó a echar de su casa al padre enfermo y que jamás consumara el matrimonio con Mariana su mujer. Con estos precedentes podemos examinar su obra El capitalismo y la ética protestante. Tanto como “la opresión indígena”, que examinamos la semana pasada, otra línea roja de la leyenda negra son los horrores de la Inquisición española, un organismo “regalista” de la monarquía católica que le daba dominio sobre la Iglesia, a diferencia de otras inquisiciones directamente obispales o papales en el resto de Europa. Eso le resultaba muy incómodo a la Iglesia, al restarle autonomía para nombrar obispos o cardenales. La monarquía lo empleó como instrumento para controlar al clero y el uso del confesionario, arma peligrosísima, por la enorme capacidad de chantaje que concedía el uso del secreto compartido, informaciones financieras, chantajes económicos, favores femeninos. Esa supervisión malquistaba a muchos curas, a las jerarquías y la inquisición española se fricciona con la Iglesia.

En las fábulas de la leyenda negra, comúnmente aceptadas contra toda evidencia histórica, España es reo de terribles crímenes cometidos en Europa y el mundo en tres siglos iniciales de la modernidad y pasemos fugazmente por lo que ocurrió en varios países según incuestionables fuentes historiográficas. En Francia entre 1562 y 1598 hubo una extensa razzia contra los protestantes denominados hugonotes. Comienza con el matrimonio entre el príncipe protestante Enrique de Navarra y la princesa católica de Francia, Margarita de Valois. A Paris la “invaden” masas de luteranos para presenciar la ceremonia, la noche de la boda, 24 de agosto de 1572, día de San Bartolomé, pero son víctimas de una aterradora masacre realizada por turbas católicas y que se prolongó por 40 días en toda Francia con saldo de 30 mil víctimas. En Inglaterra, la Iglesia de Inglaterra rompe violentamente con el Papado que no autorizaba el divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón, y a la muerte del rey comienza un periplo con el reinado de su hija católica con ésta, María Tudor, quien emprende un baño de sangre protestante que la sitúa en la historia con el apodo de Bloody Mary y se conmemora día a día en todos los bares del planeta. Asesinada por un cáncer que ella creía preñez, toma la corona la otra Tudor, Isabel, hija de Enrique con Ana Bolena.

Protestante como su padre y madre, una vez se hace de las riendas, desata una devastadora ofensiva, ahora contra los católicos. Refiere la profesora salmantina, Ana María Carabias a varios textos con enorme poder aclaratorio de autores en nada simpatizantes de España y prestemos atención. William Cobbett, prominente estudioso británico, escribe en Historia de la reforma protestante en Inglaterra: “cuando uno mira los hechos, es imposible no reflexionar con vergüenza sobre todo lo que hemos dicho sobre la Inquisición española, que contando desde su origen no cometió tantas crueldades como esta reina protestante en un solo año y tuvo 43 de mandato”. El ciclo sangriento que inician Enrique y sus hijas, deja un balance de 260 mil muertes en 330 años. En Alemania, durante la Guerra de los 30 años, 1618-1638, Gustavo Adolfo de Suecia se desprende con sus ejércitos y entre 1630-1635 desde el norte, e incendia, pulveriza, aplasta 18 mil villas, 1500 pueblos y 2000 castillos únicamente por ser católicos. No hay datos concretos sobre las pérdidas humanas pero una cuarta parte de los alemanes murió en esta guerra.

La cacería de brujas era dispersa, rala, hasta la aparición del luteranismo y la mencionada Guerra de los 30 años, y llega a sus picos históricos entre 1550 y 1750. En El abogado de las Brujas, Gustav Henningsen no se arriesga con un número preciso de víctimas, pero da unos aproximados. Entre esas fechas hubo en Europa cerca de 120 mil procesos de brujas, y terminaron en ejecución la mitad, 60 mil, distribuidos así: 30 mil en Alemania-Suiza (entonces territorio alemán) 4000 en Francia, 1500 en Inglaterra ¡y 27 (veintisiete sin ceros) en España 27! Stephen Haliczer en Inquisición y sociedad… su detallada investigación concluye que todos esos museos en los que se exhiben instrumentos de tortura usados por la inquisición española, los fabricaron posteriormente para dar veracidad a las fantasmagorías de la leyenda negra. Según su estudio, solo 2% de los sometidos a juicio por brujería fueron torturados. Y de ese 2% residual, en 9 de cada 10 casos la tortura duró apenas un minuto. Y en una cantidad insignificante de casos, llegó a quince minutos. Seguimos viviendo bajo una gran mentira

@CarlosRaulHer

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