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domingo, febrero 25, 2024
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La guerra del fin del mundo

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Carlos Raúl Hernández

 

“Ucrania es solo instrumento de una guerra entre EE. UU y Rusia”. Robert Kennedy

 

 

La anarquía estalla por todos lados en un mundo a la deriva, sin liderazgo claro, luego del pantano de OTAN en Ucrania, y la disolución del orden global hasta su reemplazo. El Medio Oriente vuelve a la guerra, pero ahora OPEP es hostil a occidente, 80% de las reservas petroleras y pierde cualquier influencia sobre la producción.  Desde el primer día pensé que Zelensky sería un desastre, pero termina peor, con graves consecuencias exógenas, con una probable consunción de Ucrania. La pobre performance de OTAN resucita y envalentona al terrorismo, desaparecido desde 2017 hasta ahora de los asuntos de seguridad nacional norteamericana. Renace con Hamas, Jihad Islámica, Hezbolá, infernales, aterradores, dantescos, como vimos en el 7Oct de Israel. Quemar gente viva, violar mujeres en grupo hasta fracturarles la pelvis, disparar contra ancianos, degollar niños, hornearlos vivos, ha hecho al mundo civilizado calibrar su indefensión frente a la infernal amenaza islámica. Cualquier día aparece un copy-cat en Viena o Barcelona.

Revienta la incompetencia de la economía europea, que sobrevivía gracias a la energía rusa barata y que, al suprimirla, se declara en una especie de huelga de hambre indefinida, con desindustrialización por fuga de empresas que no pueden pagarla cinco veces más cara.  La reconversión de los BRICS, una organización hasta hace poco estática, decide convertirse en un instrumento geopolítico, expandirse y muta alejada de EE. UU. Iberoamérica marca distancia y se declara neutral en el conflicto. Se materializaron los efectos de la desquiciada Agenda 2030 que llena Europa de criptoterroristas y degrada en extremo la vida social en España, Alemania, Italia, Holanda, Austria, Gran Bretaña; y Francia en julio de este año vivió una semana de horrores y anarquía, que se pueden repetir en todas ellas. En cuarenta años la humanidad pasó por tres órdenes globales, tres sistemas de poder que mantuvieron la precaria estabilidad del planeta. nace En 1945 nace el mundo bipolar antagónico, derrotado el nacionalsocialismo en la segunda guerra mundial. Se cocina en Teherán (Irán, 1943), Yalta, (Crimea, 1945) Potsdam (Alemania 1945).

Era el mundo bipolar, EE. UU y sus aliados defienden la democracia constitucional, mientras la Unión Soviética y los suyos el marxismo leninismo, contra la propiedad privada y la democracia “burguesa”, en antagonismo existencial, pero que nunca chocan catastróficamente. Se sustentaba en la guerra fría, “el equilibrio del terror”, “la destrucción mutuamente asegurada” por la amenaza nuclear, forma aberrante pero práctica de evitar el choque de trenes. Se mantenían en conflictos sectoriales permanentes para comerse la res por partes e imponerse paso a paso. Pero pese a los horrores del comunismo y el fracaso de los otros socialismos, un misterioso halo de prestigio lo rodea hasta hoy. El proteccionismo rooseveltiano atrofia la infraestructura productiva de los EE. UU que dejan de ser competitivos, con situaciones insólitas. Nixon impone un control de precios, y se prohíbe a la línea aérea Panamerican bajar precios de los pasajes. En los años ochenta, insospechables pensadores democráticos argumentan que los Estados Unidos sucumbía ante su rival.  

Paul Kennedy publica Auge y caída de las grandes naciones, para demostrar que EE. UU había perdido el reto militar con la URSS, y el tecnológico-científico con Japón. Aparte de la URSS y Europa Oriental, en la “atmósfera” socialista, participa gran parte de África con su “socialismo africano”. China y la prosoviética India hundían la Humanidad en la miseria por el peso de dos demografías multimillonarias de pobres, sin olvidar África, arruinada Por la revolución africana, según las pautas del así llamado libro de Frantz Fanon, con prólogo de Sartre, el padre de demasiadas infamias. Fanon era un siquiatra que prescribía a cada negro despanzurrar un blanco para realizarse en la vida. Comunismo en China, Vietnam, Cambodia, Laos; el estatismo europeo proletariza sus clases medias con bajos ingresos, desempleo, devaluaciones, desinversión que amenazaba saltar de la peste al cólera con el Eurocomunismo. En Iberoamérica, Cuba y Nicaragua; amenazas sucesivas en Brasil, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Chile, Honduras y varios otros.

Carter lleva la rooseveltnomía a fase terminal y EE. UU comienza a ser subdesarrolladoestagflación, (desempleo 15% con inflación 14%), inmenso deterioro social, delincuencia, debilidad política e institucional (como ahora). Los ayatolas asaltan la embajada norteamericana en Teherán y EE. UU hace el ridículo en el intento de recuperar los rehenes. En 1980 con Ronald Reagan comienza la gran revolución mundial, que unos charlatanes llamaron, “revolución conservadora” y otros “revolución neoliberal”. Reagan impulsa una amplia apertura de mercado que se extiende por el mundo, para recoger los escombros del socialismo en todas sus versiones. Otro reventón es la crisis de la deuda externa en 1984 que pone al mundo en el abismo financiero.  El mundo está ahora en manos de EE. UU, en terapia intensiva en el hospital del FMI y el tratamiento el Consenso de Washington, diez sencillas medidas de política económica a través de los Programas de Estabilización Macroeconómica que enseñan a los países a no despilfarrar.

Finalmente, el mundo unipolar se consagra a la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1991, avanzan aperturas económicas y crecimiento. Los líderes de la nueva economía son Den Xiao Pin, Thatcher, Gorbachov y Yeltsin, Reagan-Clinton, Felipe González-Aznar, Mitterrand, Fernando Cardoso-Lula, C. A. Pérez, Salinas de Gortari, Sánchez de Losada, Menem, Uribe, los líderes de Vietnam, La india, Indonesia, Suráfrica. La economía se dispara en EE. UU y el mundo. Para 2020, pese a 40 años de infeliz prédica de los charlatanes, contra el “neoliberalismo” y la globalización, China, India, Rusia, Brasil, México, Chile, Indonesia, Vietnam, Suráfrica, los países que hicieron la tarea, antiguas concentraciones de miseria, se tornaron grandes y medianas potencias expansivas y todavía deben andar buscando inútilmente en El imperialismo, fase superior… de Lenin y en El libro rojo de Mao de dónde salieron los hiperkapitalistas BRICS. Putin hablaba en 2011 de crear “una zona económica de Lisboa hasta Vladivostok” (no una internacional comunista) y China inicia sus tres rutas de la seda, mercado kapitalista universal. Huntington y Fukuyama teorizan sobre el mundo unipolar.

Donald Trump (2017/2021) con políticas económicas fracasadas y su lenguaje de revolucionario tercermundista, destruye el orden unipolar. Revive en EE. UU el anacronismo y la mediocridad económica, contra la apertura y la globalización, cuestiona las inversiones norteamericanas que junto con las de otros países han construido el desarrollo global y el de su propio país. Se propone “hacerlas regresar a EE. UU” y hostiliza con aranceles las importaciones chinas y europeas. Se ocupa no solo de destruir la economía global, sino los políticos y las instituciones y luego Biden copia el modelo y lo profundiza. Hasta la guerra de Ucrania, el mundo, con dificultades, funcionaba, porque EE. UU aseguraba el equilibrio contradictorio múltiple con el apoyo de las potencias emergentes, que bajaron consistentemente la tasa ecuménica de pobreza. Biden, bajo el influjo de su Mefistófeles, Rand Corporation, monta la secuencia de provocaciones para producir una guerra de laboratorio con Rusia, golpear a China por banda; como al aprendiz de brujo, le sale al revés: derriba a Europa, su aliado, y debilita de retruque su propio país.

Coloca a Putin ante lo inaceptable al anunciar la entrada de Ucrania a OTAN, bases atómicas a minutos de Moscú.  La Rand Corporation impulsó la guerra, erro grave en lo obvio: que Putin podía estar preparado contra el embargo a su energía, pero Europa no, lo que frustra el sueño de colapsar Rusia, para partirla en cinco o seis repúblicas…y colorín colorado. Según el plan, Xi Jinping perdería un aliado estratégico y, ya debilitado, irían por él vía Taiwán, cuyo percutor era Nancy Pelossi. En febrero de 2023, Rand comprende su terrible e irremediable equivocación, quiere enterrarla como los médicos, y en nuevo documento recomienda a EE. UU salir de la guerra, pero ya el ahorcado colgaba. Ahora tenemos un nuevo mundo bipolar múltiple: un polo hegemónico en crecimiento, China-Rusia, esencialmente pragmático, pero basado en el mercado abierto. Y por otro los EE. UU., en su rentrée al proteccionismo decadente, mientras China y Rusia son ahora potencias “neoliberales” y EE. UU regresa al colectivismo.

@CarlosRaulHer

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