Eudiven Villarreal-
Tras el anuncio de este jueves 30 de abril por la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez, sobre el alza del ingreso mínimo integral a $240 mensuales vigente desde mayo, el economista Aarón Olmos advirtió que elevar las remuneraciones mediante decretos sin un crecimiento productivo real solo acelerará la espiral inflacionaria que azota al país.
Olmos explicó para Diario La Calle, que la lógica de las remuneraciones debe estar vinculada a la productividad para ser sostenible. «Si se decreta un aumento sin expandir la oferta de bienes, el resultado es una inflación reactiva. Se genera una ilusión monetaria: el trabajador percibe un alza nominal que es rápidamente absorbida por los precios, anulando su capacidad de compra real», advirtió el especialista.
El entorno macroeconómico actual refuerza esta preocupación. Venezuela arrastra un 649% de inflación anualizada y una variación cambiaria que, solo en los primeros cuatro meses de este año, ha escalado un 61%. «Fijar precios en moneda extranjera bajo esta volatilidad presiona la estructura de costos de cualquier entidad», acotó Olmos.
El reto de la canasta alimentaria frente a los $240
Pese al ajuste anunciado por Rodríguez durante la movilización oficialista, la cifra sigue quedando corta frente a las necesidades reales. Olmos refiere que, según los caculos del CENDAS-FVM (Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros) , la canasta alimentaria integral (que incluye servicios) ronda los 700 dólares mensuales.
«En un hogar con dos cabezas de familia, cada uno debería percibir al menos 350 dólares para cubrir lo básico. El ajuste a 240 dólares, aunque superior a los 190 dólares previos, sigue siendo insuficiente para que la mayoría de los venezolanos satisfaga la totalidad de sus necesidades básicas», explicó el economista.
Bonificación y estancamiento del salario base
Un punto crítico del anuncio oficial es la naturaleza del incremento. Rodríguez no aclaró si el salario mínimo mensual —congelado desde hace cuatro años— experimentará cambios, manteniendo la política de bonificaciones sobre el sueldo base.
«Esta estrategia de bonificación busca evitar el impacto en pasivos laborales como prestaciones y utilidades. Bajo la actual LOTTT, igualar el salario base a la realidad del mercado haría que las obligaciones fueran impagables para el Estado y los privados», indicó Olmos. Respecto al exhorto de la presidenta encargada al sector privado para que iguale este monto, Olmos recordó que muchas empresas ya superan esa cifra (con obreros promediando $210-$240 y gerentes sobre los $1,500), pero operan bajo la presión de una ley laboral rígida.
La necesidad de datos para una política real
Para Olmos, el gobierno interino debe basar sus decisiones en información sociodemográfica actualizada. «La estructura del hogar venezolano ha cambiado drásticamente por la migración; hoy predominan hogares de adultos mayores. El Instituto Nacional de Estadística (INE) debería ser el centro neurálgico para definir estas políticas, más allá de la data del BCV», subrayó.
Pilares para una remuneración justa
El economista concluyó que para que una propuesta ayude realmente al empleado sin dañar la economía, se requiere:
Vincular ingresos a la productividad: Los aumentos deben nacer del crecimiento de las empresas y el PIB, no de la emisión de moneda sin respaldo.
Confianza e Inversión: Reactivar el parque industrial para elevar la oferta nacional y frenar la escasez.
Flexibilización Laboral: Revisar la ley para permitir mejores pagos corrientes sin comprometer la supervivencia de las empresas por pasivos retroactivos.
Focalización Estadística: Ajustar montos según las características reales de los hogares actuales detectadas por el INE.
Olmos concluyó que no existen soluciones mágicas; sin una política integral de reactivación y seguridad jurídica, cualquier ajuste salarial terminará siendo absorbido por la inflación, perjudicando finalmente al trabajador.




