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viernes, febrero 23, 2024
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1823 | Bicentenario de la Toma del Castillo de Puerto Cabello.

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La Toma del Castillo de Puerto Cabello fue el último enfrentamiento militar de envergadura librado en la Guerra de Independencia de Venezuela. Ocurrió el 8 de noviembre de 1823.

Último reducto de una facción realista, liderada por el General Español Sebastián de la Calzada, que no aceptaba las condiciones de la capitulación firmada por los españoles después de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, finalmente fueron sometidos por 500 hombres al mando del General José Antonio Páez, quien los guió en medio de la noche, abriéndose paso por los manglares que los españoles mantenían sin defensas por creer que era imposible ser atacados allí.

Fueron capturados 248 hombres de distintos rangos y funciones, y causaron 59 heridos y 156 bajas a los realistas, además de obtener el arsenal de cañones, fusiles y quintales de pólvora.

La brillante operación militar “Toma de Puerto Cabello”, comandada por el impertérrito José Antonio Páez los días 7 y 8 de noviembre de 1823, empleando el Principio de la Guerra de “Sorpresa”, utilizando tropas desnudas en un sigiloso movimiento nocturno, ocupa los trincherones, y dos días después el castillo de San Felipe, último bastión realista en Venezuela, escribe el historiador Eumenes Fuguet.

Consolidar la ansiada emancipación, requirió poco más de dos años y sesenta y cuatro nuevas acciones militares, que culminarían exitosamente el 8 de noviembre de 1823 en Puerto Cabello. Desde septiembre de 1823, “La Primera Lanza del mundo”, le exigía mediante correspondencias al general Sebastián de la Calzada la rendición, pero la respuesta siempre fue negativa. Páez que ya había ocupado el fortín Solano, recibía información de las posiciones españolas dentro del fuerte a través de Jacinto Iztueta, quien enviaba datos con su esclavo Julián Ibarra.

El historiador narra que el coronel realista, el coriano Manuel Carrera Colina en la confusión se escapa hacia el fuerte San Felipe donde resiste hasta el día 10; Sebastián de la Calzada y su estado mayor son entregados al general Páez a las seis de la mañana por dos sacerdotes que los tenían en la iglesia del Rosario; Calzada le entrega su espada a Páez en señal de rendición.

Las bajas realistas fueron de ciento cincuenta y seis muertos, más de quinientos prisioneros, además de capturarse sesenta piezas de artillería, seiscientos fusiles, seis lanchas y tres mil quinientos quintales de pólvora, la corbeta “Bailén” fue incendiada. Por parte de las fuerzas republicanas, hubo diez muertos y treinta y cinco heridos. Iztueta es designado el 16 de noviembre alcalde del cabildo porteño.

“Esta brillante acción militar debería designarse como efemérides municipal, regional y por qué no nacional por la connotación de culminar la presencia militar española en nuestro territorio luego de trescientos veinticinco años”, concluye Fuguet.

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