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Dragones de papel. Por: Carlos Raúl Hernández

Alguien decía que después de cinco meses, muchos no despiertan a la realidad de que el 3E Marco Rubio impuso una transición, un acuerdo gobierno-opositores y quien sería cada cosa. Además, no vale la pena dárselas de sueco para no entender que las transiciones culminan en procesos electorales, pero que en nuestro caso son necesarias reformas económicas previas, sustanciales y  reformas a la constitución y las leyes que resuelvan varias taras, entre ellas la reelección y no proseguir modelos autoritario-plebiscitarios. Y que merecemos un sistema electoral estable, decente, que destierre las picardías liceístas para distorsionar la voluntad electoral, como ocurrió hacia “la constituyente” en 1999, pasando por “las morochas”, obras del  folklorismo y el subdesarrollo.  Hasta hace dos semanas, incluidos algunos “analistas” medio alfabetas, decían que aquí no había ninguna transición. En “soberanía limitada”, conviene preguntarle a los que promovieron la agresividad desestabilizadora y hoy lagrimean o lanzan furiosas proclamas patrióticas, si piensan:  a) declarar la guerra a los EE. UU desde sus asientos b) crear sus Montoneros como en Argentina c) sabotear las instalaciones imperialistas con terrorismo light, estilo tupamaro. Si no es así, son palabras lanzadas a Venus o a una galería que no aplaude. La “soberanía limitada” ha sido teoría y práctica de las grandes potencias, la Doctrina Monroe en Iberoamérica y la Doctrina Brézhnev, en el Pacto de Varsovia.

Deberíamos, todos, dejarnos de dragoneos de papel y más bien hilar fino para recuperar la soberanía, sin retórica de cafetín universitario o de princesa ofendida. Las “sanciones” y el 3E tienen su origen en una sobredosis de patrioterismo suicida, con las fatídicas expropiaciones de 2007 a las norteamericanas Exxon, Conoco, Halliburton, Baker Hughes, Halmerich & Payne. Williams, Owen Illinois, y Total (Francia), ENI (Italia), Statoil (Noruega), BP (Reino Unido). A partir de ahí, forjamos unos desestabilizadores temibles. No solo le tocamos la cara a EE. UU sino a Europa, mayor genialidad política imposible. Venezuela es largamente el país con mayor número de demandas en tribunales internacionales y con una deuda externa que debe refinanciar de inmediato. Pero a la reunión de opositores en Panamá eso no le interesó. Ni una palabra sobre programas para enfrentar la inflación, la devaluación, la crisis eléctrica, la relación con EE. UU, solo elecciones y calentar candidaturas aunque está cuestionada la decencia de varios de los presentes. Un rasgo plausible del documento final, que pese a su liviandad, lo justifica: la desradicalización. Olvidemos la telenovela del título, (“Manifiesto”) y que no podía faltar “Venezuela vive la hora decisiva para su historia republicana”.

 Somos hijos de romanticismo y modernismo tardíos y kitsch que nos dejaron desde Bolívar a Cipriano Castro. Como en cada elección en estas décadas, oímos esto: “la histórica circunstancia que vive nuestra amada patria, me obliga a atender el llamado del pueblo y lanzar mi candidatura a concejal de Biruaca”. Hablamos permanentemente para las cámaras de televisión de la Historia y hemos comido el mismo pan de ripios durante 27 años. Contraste:  cuenta Emir Rodríguez Monegal en su biografía de Pablo Neruda:  la primera vez que el poeta subió a Machu Picchu se quedó un rato absorto ante la grandiosidad del paisaje. A la caza de una gran frase, tal vez el título del libro, el biógrafo le pregunta: “¿qué piensa, poeta”- “que es un gran lugar para comerse un cordero asado”, respondió Pablo. Aparte de frases del señor Homais de Flaubert, sorprende la ausencia de respuesta a los problemas de la mayoría demostrada en las alturas de la cumbre. Lo único que les preocupa son las elecciones, es decir, “cómo quedo yo ahí”. Pero hay varias cosas bastante raras, como autodeclararse jefe, con la sola anuencia de la cour des miracles que nos arrastró a derrotas interminables.

Si a Betancourt se le hubiera ocurrido proclamarse en el documento del Pacto de Punto Fijo, o poner su nombre cuatro veces en él, lo más probable es que lo hubieran mandado a algún lugar distante. Aparte de los temas señalados arriba, hay imperativos mayores que mi eventual concejalía por Biruaca. Nuestros héroes regresan del terrible exilio, lavar pisos, pasar hambre y frío, cantar en el Metro, alimentados de pan duro y cebolla. Se inspiran en otro exilado insigne, César Vallejo en la París entre los 20 y 40 del siglo anterior, cuando describe la mísera y hambrienta vida de los transterrados: “un hombre pasa con un pan al hombro…otro tiembla de frío, tose, escupe sangre…Voy, después, a leer a André Bretón? El viernes negro 18 de febrero de 1983, se produjo el primer colapso en Venezuela del Estado centralizado, gigante y acromegálico, que lo abarcaba todo y no podía nada. Nuestras élites no se dieron cuenta de lo que pasaba y tuvimos el segundo en 1989 con la crisis de la deuda. El gobierno arranca a rectificar y se produce el primer hito del siglo contra la acromegalia: la Ley de descentralización y transferencia de competencias, que con la reforma económica, da inicio al gran cambio.

 Las élites también abortaron el proceso descentralizador, que contemplaba descargar al Estado central, transferir facultades a los estados-municipios y evaluar sistemáticamente para corregir sus defectos. Hoy, detenidos y revertidos desde hace 30 años el desarrollo de los municipios, estados y la función contralora sobre ellos, las malformaciones absolutamente descabelladas toman cuerpo tributario, y hay que poner freno jurídico. Rueda un paper que apunta contra el salvajismo tributario municipal, pero a contrapelo de las tendencias modernizadoras y que peca del mismo mal pero al revés: propone, a la manera estalinista, maoísta o fidelista, que haya un solo recaudador de impuestos, el gobierno nacional. Eso liquidaría financieramente los municipios y los estados que entrarían en entropía, mientras el gobierno aumenta la centralización, sus deformidades y crecimientos malignos, en sentido radicalmente adverso a las aperturas, globalización y el fortalecimiento de la sociedad civil. Es recomendable, por eso, ir a soluciones pragmáticas de acuerdo con la marcha del cambio tecnocientífico. Reducir la montaña impositiva contribuye al aumento del consumo y estimula la inversión de capital.

@CarlosRaulHer

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