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Efecto cobra: Por Carlos Raúl Hernández

“En la India ofrecían recompensa por cobras muertas para combatir una plaga. Pero se multiplicaron porque la gente se dedicó a criarlas para mejorar sus ingresos”.

Carlos Raúl Hernández

La opinión política común o doxa política, percibe lo que parece ser, el fenómeno, sin penetrar en que existe el noúmeno subyacente. Se activa con emociones inmediatas, sentimientos y poco por la razón. La episteme, el conocimiento riguroso, por el contrario, es producto de largo trabajo y experiencia en cualquier disciplina. Un político que habla sobre catástrofes, podría ser tan superficial como un neurocirujano sobre política porque ambos poseen saberes especializados no intercambiables. Sobre la phronesis o sabiduría práctica política, expone el premio Nobel Joseph Schumpeter en Capitalismo, socialismo y democracia; considera gran riesgo seguir opiniones de artistas, intelectuales, empresarios, faranduleros, deportistas, profesionales, aficionados y novatos, porque su discernimiento político es de niños de doce años” (“los notables”).

Te sale el tiro por la culata” o “vienes por lana y sales trasquilado”, como nos ha pasado. El juicio político simple, la doxa trae los “efectos perversos” de Maquiavelo: resultados antagónicos a sus fines, propio de la primera, el efecto “aprendiz de brujo”. Se les ocurrió “derrocar” a un gobierno harsh lanzándole muchachos con escudos de cartón. Mueren 160 pero los “estrategas” y el agitador principal de corazón barbudo, se sienten Eisenhower en la invasión a Normandía y nos dicen: “en toda confrontación hay bajas”. Efecto perverso múltiple: durante 2016-2017 y la abstención de 2018, le regalaron 8 años al gobierno y pusieron de luto a 160 familias. Nuestro Ike reapareció en el tsmo y podría ser Ministro de Defensa de la sexta república. Los ciegos ante las contingencias y los efectos perversos de la acción, no edifican escaleras políticas de emergencia y nos han achicharrado durante 27 años.

En otro caso de efectos perversos, los expertos en catástrofes recomiendan aislar del publico las zonas afectadas.  El 24Jn ocurrió un sinfín de cosas yin y yan. Miles de bienintencionados fueron a la Guaira con la mejor voluntad ayudar a las víctimas, con resultados desastrosos: 1) saturaron de tráfico y ruido la autopista, las calles y los sitios afectados, lo que impedía la llegada y el trabajo de los grupos de rescate, médicos y ambulancias 2) se colaron delincuentes dispuestos a su jornada 3) en las redes, politiqueros de variado pelaje incitan amotinarse a gente desesperada 4) y cuando las autoridades reaccionan y bloquean el acceso al litoral, denuncian que lo hacen “para que zarpen lanchas de droga”. Y todo eso lo hacen “los buenos”. Molestan tanto el desarrollo del proceso de aperturas que se ha lanzan a un acuerdo entre la fenecida asamblea de 2015 y la actual en funciones, con tal de quitarse la perturbación de los moscardones.

Opera lo que Gastón Bachelard llama “la tentación del profeta” en quienes deberían ser responsables de lo que dicen, y no torcer juicios teóricos para complacer intereses, ni hacer populismo epistemológico. Aparece un papel de vaciedad mayúscula en jerga académicasegúnlas sanciones económicas y políticas internacionales tendrían peso nulo en la situación económica actual de Venezuela; Voltaire escribió que también “el pensamiento servía para ocultar la realidad”. Sabemos bien que las sanciones son producto de que poderosas empresas petroleras internacionales devolvieron el golpe de una disparatada confiscación de activos sin un átomo que la justifique. Pero solo una intoxicación de xenón, argón y radón pueden hacer creer que la parálisis de la industria petrolera, casi única fuente de ingresos, y el comercio internacional, son bagatelas sin repercusiones, ociosidades del gobierno gringo o tal vez una estratagema para ayudar a Maduro.

Desde Copérnico, Kepler y Galileo sabemos que el sol no “sale” ni “se pone, pero según la NSF americana y la VTSIOM rusa, alto porcentaje del common sense son ptolemaicos, para quienes el mundo es firme, inmóvil. Otra gran parte tiene idea de que el planeta está en movimiento, pero se asombra al enterarse de que la traslación es a 107 mil km/h y la rotación es de 1669 Km/h. Los terraplanistas dicen que la tierra es como una mesa y su supuesta redondez, “la gran mentira”.  A la doxa, la caracterizó Karel Kosik de pseudoconcreción alienante y grandes industrias nos alienan con que el cambio climático es una hechura del hombre. La doxa nos ofrece soluciones simples a problemas complejos: contra la inflación, congelar los precios y subir salarios. La devaluación se enfrenta controlando el precio de las divisas y ¡muy fácil: el gobierno fija la tasa y congela el cambio! Igual es fácil meter 100 personas en 10 m2: 10 personas por metro.

Unos creen que cada mártir tendrá 73 vírgenes a volontè (Jardier Poncela se pregunta “¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?”) en el otro mundo y no conocerán el cansancio, cero pastillas.  Otros que con el gobierno que me gustaría, al día siguiente los ríos serán de leche y miel y esa perfecta ball-shitbull shit bull-shit shit. Un “poder carismático”, que no es Meloni por atractiva (carismática), sino caudillos autoritarios que usan su influencia de masas para pasarse las instituciones racional-legales (tesis de Weber) por el bigote. También para Weber “el político y científico” son opuestos porque uno “busca el poder y otro la verdad”. Pero solo un líder estratégico o político de Estado consigue el hilo de Ariadna que une la verdad con el triunfo. Un estadista y un politiquero equivalen a una eminencia médica y un matasanos (aunque el mismo malvado de Jardier Poncela, dice que “un mal médico te trata del corazón y te mueres del hígado. Un buen médico, te trata del corazón y te mueres del corazón”.

Supongamos que el genius malignus, de Descartes demonio creador de ilusiones, engaños, deformaciones de la realidad, para escarnecernos hiciera ver que nos conducen líderes sólidos, audaces, prudentes, que estamos en España de 1979 detrás de González, en la URSS feneciente amparados por Gorbachov-Yeltsin, en Polonia por Walesa, en Checoslovaquia por Havel y en Brasil, por Sarney. Pero la realidad es que nos proponen febrilmente “elecciones ya” y perpetuar aberraciones autoritarias, solo que cambiando caritas. De no ser así estaríamos debatiendo la reforma constitucional y legal para tener elecciones e instituciones respetables. En primerísimo lugar la alternabilidad y el periodo de gobierno. Según consenso entre expertos, para regímenes presidencialistas, el menos malo es el periodo corto de cuatro años con reelección única inmediata (si es bueno lo reeliges; si no, lo despachas)

Volver al congreso bicameral dejando la unicameralidad cuartomundista, con un senado federal y adulto para controlar a los diputados, y al situado constitucional para el financiamiento de los Estados. La reforma del sistema electoral implica crear un CNE despartidizado en la cúpula, primordialmente técnico por un viejísimo principio: no se puede ser juez y parte. Naturalmente, los partidos estarán presentes porque no se justifica prescindir de ellos. Nos hemos empeñado en tropicalizar sistemas electorales serios, con 200 años de probado prestigio y eficacia, por medio de injertos de cucaracha con chancleta (Aquiles Nazoa) que tuercen la voluntad de los electores. Replantear la transferencia de competencias, ahora con poderosas contralorías. Por fortuna no nos ha pasado por delante el teorema de Pitágoras, porque no se salvaría de que lo mejoremos.

CarlosRaulHer

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