Eudiven Villarreal –
El doblete sísmico del 24 de junio, no solo sacudió la tierra y dejó un saldo trágico de más de 5,000 muertos; también provocó un terremoto de desinformación en el entorno digital que costó tiempo valioso a los cuerpos de rescate. Casos como la falsa alerta de tsunami y el mediático pero inexistente salvamento de los gemelos Peña evidenciaron el peligro real de las “fake news” cuando la prioridad de los generadores de contenido es la viralidad y no la verdad.
Durante las primeras horas de la emergencia, la desesperación colectiva fue capitalizada en redes sociales por usuarios e influencers en busca de interacciones. La difusión masiva de falsos escenarios obligó a los rescatistas a verificar denuncias sin fundamento, restando minutos críticos que pudieron salvar vidas atrapadas bajo los escombros.
Ante este panorama, especialistas en deontología periodística y comunicación social recuerdan que la gestión de riesgos también pasa por lo que se comparte en las pantallas, conforme al informe publicado en el portal web El Ucabista.
«Es el momento de la sensatez y de la autorregulación. Contextualizar los datos, fijar con precisión lugares y fechas, y contrastar la información con fuentes oficiales y expertos es vital para no generar desinformación orgánica», señalan los académicos del área en el portal web elucabista.
Por su parte, informes recientes de la UNESCO respaldan la necesidad de proteger y consumir prensa independiente en la era de la Inteligencia Artificial. El organismo estima que la desinformación cuesta a las sociedades globales hasta 500,000 millones de dólares anuales debido a la inestabilidad y la pérdida de confianza institucional que genera. En contraste, la inversión en el periodismo riguroso actúa como un escudo protector de los derechos humanos en las comunidades más vulnerables.
El desafío post-sismo no radica únicamente en remover los escombros físicos y reconstruir las zonas afectadas de las regiones afectadas, sino en generar un ecosistema digital más limpio. En emergencias futuras, la diferencia entre la vida y la muerte podría depender de la capacidad ciudadana para apagar el rumor y encender la verificación.
¿Por qué documentar y compartir?
El acto de publicar sobre las labores de asistencia no es solo contenido digital, sino una herramienta de impacto real:
Memoria colectiva:Compartir lo que haces sirve para recordar al mundo que la situación aún no ha terminado.
Efecto multiplicador:Ese video o foto que tomaste mientras ayudabas puede ser el impulso que otra persona necesita para animarse a colaborar.
Sostenibilidad del apoyo:Cada historia compartida motiva a otros a donar, ofrecerse como voluntarios o, al menos, mantener el tema presente.
Guía para una difusión ética
La invitación a «hacer visible la ayuda» viene acompañada de recomendaciones fundamentales para preservar la integridad y el respeto:
Priorizar la dignidad:Protege siempre a quienes atraviesan sus momentos más difíciles.
Consentimiento:Es obligatorio pedir permiso antes de grabar.
Seguridad: Toda acción debe realizarse sin poner en riesgo la integridad física del voluntario.
Por otra parte, la ayuda no debe ser un evento único. Se insta a publicar la labor realizada hoy, la siguiente semana y, especialmente, el mes próximo, cuando el interés público haya disminuido, ya que será en ese momento cuando la visibilidad sea más necesaria e importante.



