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El negocio detrás de la maquinaria militar desplegada en el Caribe

En ese sentido, el Lockheed Martin, el contratista principal del avión de combate F-35 y fabrica los sistemas de combate Aegis de los buques de guerra. Solo esta empresa recibió en el verano pasado un contrato de 3.100 millones de dólares.

Adicionalmente, Lockheed Martin, invirtió 50 millones de dólares en Saildrone, vehículos no tripulados de superficies, que operan desde febrero en el Caribe para la vigilancia antidrogas.

Por su parte, RTX se beneficia a través de los misiles Tomahawk, que con la llegada al Caribe del SS Gerald R. Ford, el número de misiles instalados en los buques podría alcanzar unos 185. El Pentágono adquirió cada uno por alrededor de 1,3 millones de dólares, mientras que la Armada estadounidense pide más.

Ante este panorama, Semler recalcó que «más allá de los beneficiarios directos, toda la industria armamentística se beneficiará del aumento militar y de la perspectiva de una guerra (…) Los esfuerzos de presión se estructurarán en torno a la posibilidad de una guerra con Venezuela, con el efecto combinado de aumentar el presupuesto del Pentágono y, por tanto, favorecer a todos los contratistas militares».

Sin embargo, ante la persistente amenaza, la guerra psicológica y mediática, el presidente Maduro ha reiterado el mensaje de paz, de soberanía y de respeto a los pueblos. Entendiendo que un conflicto armado no solo afectará a Venezuela, sino también a toda la región.

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