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viernes, febrero 23, 2024
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 Protestas en Korea del Sur por prohibición del consumo de carne de perr

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  Los manifestantes se dirigieron a la casa presidencial con perros enjaulados para liberarlos allí

 

Nashua López. En Latinoamérica los perros son vistos y considerados como animales domésticos, sin mayores discusiones sobre su existencia y función dentro del entorno social, sin embargo en Korea del Sur desde hace varios dias se han presentado disturbios en Seúl su capital por la entrada en vigencia de la prohibición de consumo de carne de perro . Cerca de 200 personas intentaron irrumpir en la sede de la Presidencia de la República con un camión que contenía perros enjaulados como medida de protestas en contra de la normativa.

 

La policía impidió el ingreso a los manifestantes que pretendían liberar los animales dentro de las instalaciones de presidencia. La protesta se organizó porque los criadores no fueron incluidos en el debate sobre la ley que prohíbe el consumo de carne canina y porque las indemnizaciones previstas por la suspensión de las actividades se consideran insuficientes, tomando en cuenta que en Korea del Sur es tradicional consumir carne de perro en su gastronomia local.

 

Decenas de criadores que llevaban un camión cargado con perros encerrados en jaulas intentaron forzar los controles y el cordón de seguridad establecido por la policía frente a la sede institucional, para liberar a los animales dentro del edificio. Los agentes desplegados en masa repelieron el intento tras descubrir que el vehículo llevaba una carga de jaulas tapadas con mantas.

 

Los criadores surcoreanos de perros destinados al consumo humano salieron el pasado jueves a las calles de Seúl, cerca de la sede de la Presidencia de la República, con  pancartas y coreando consignas y canciones, los manifestantes pidieron al Ejecutivo que suspenda la reforma de la ley que quiere imponer la prohibición de una práctica que consideran tradicional y centenaria, pese a ser controvertida.

 

El partido gobernante del presidente Yoon Suk-yeol presentó hace pocos días un proyecto de ley para prohibir la cría y venta de perros para consumo humano, ofreciendo una compensación financiera a los criadores obligados a cerrar el negocio en un plazo de tres años. El Ejecutivo considera que ha llegado el momento de poner fin a la controvertida práctica de consumir carne de perro, y aclaró que al respecto también cuenta con un amplio apoyo de los representantes de la oposición, que en este momento controla el Parlamento, así como de la opinión pública.

 

La carne de perro forma parte de la cultura culinaria coreana desde hace siglos, sobre todo como ingrediente principal de una sopa llamada “bosintang” que se cree que potencia la virilidad y tiene efectos beneficiosos para la salud. Tradicionalmente se consumía durante los días que según el calendario lunar son los más calurosos del año, entre julio y agosto. También se usa para fabricar el “gaesoju”, una bebida de la medicina tradicional. Sin embargo, en los últimos tiempos ha aumentado cada vez más el número de ciudadanos, especialmente jóvenes, que se oponen a esta práctica.

 

En un país de alrededor de 51 millones de habitantes, más de seis millones de familias tienen perros como mascotas, entre ellas la familia del presidente Yoon que, junto con su esposa Kim Keon-hee, son dueños de seis perros, incluido un guía para ciegos y un perro de rescate.

 

Una encuesta de 2022 que realizó Gallup Corea muestra que casi dos tercios de los entrevistados están en contra del consumo de carne de perro, y solo el 8% dijo que la había comido en el último año, frente al 27% de 2015. Ju Yeong -bong, que representa a un grupo del sector y ha encabezado la manifestación de hoy, ataca a los políticos que, en su opinión, no tienen derecho a eliminar una industria ni a decidir lo que come la gente. “No estamos de acuerdo con calificar esta práctica como bárbara”, añadió que en algunos países “se sigue consumiendo hasta el día de hoy”.

 

Otro de los motivos de la protesta es que los criadores habían sido excluidos del debate sobre la ley, así como la insuficiencia de las compensaciones previstas para cerrar los criaderos, que no alcanzan para cubrir los gastos y las pérdidas debidas al cese de la actividad.

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