[Doha, 9 de septiembre de 2025]. En una escalada sin precedentes, Israel lanzó un ataque aéreo contra altos mandos de Hamás en la capital de Qatar, convirtiendo al principal mediador para el alto el fuego de Gaza en el último país de Oriente Medio en ser objetivo de ataques israelíes. Según fuentes, la ofensiva tenía como objetivo a la delegación de negociación de Hamás, aunque el grupo afirmó que sus miembros sobrevivieron.
Un Ataque con Implicaciones Políticas y Militares
El ataque ha generado una compleja red de declaraciones políticas. Un funcionario israelí, citado por el Canal 12, aseguró que la operación había recibido la «luz verde» de Donald Trump, una afirmación que Netanyahu, el primer ministro de Israel, intentó desmentir posteriormente. La oficina de Netanyahu emitió un comunicado afirmando que el ataque fue una «operación israelí totalmente independiente» y que el país asumía «toda la responsabilidad». No obstante, un funcionario de la Casa Blanca confirmó a la AFP que Estados Unidos había sido notificado con antelación, lo que subraya la delicada dinámica entre los aliados.
Condena Internacional y el Desafío a la Soberanía
La operación fue condenada de inmediato por la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, la calificó de «flagrante violación de la soberanía» de Qatar, un país que ha desempeñado un papel crucial en los esfuerzos de mediación. De igual manera, la Liga Árabe, Turquía y el propio Qatar condenaron la acción. El gobierno qatarí describió el ataque como «cobarde» y una «violación flagrante del derecho internacional». Este incidente plantea serias preguntas sobre el valor de la base aérea Al Udeid, un activo estratégico para Estados Unidos en la región, en territorio de un aliado que ha sido atacado.
El Contexto de la Guerra y la Ruptura de Negociaciones
El ataque se produce en un momento crítico. Fuentes de Hamás indicaron que estaban considerando una nueva propuesta de Estados Unidos para un alto el fuego en Gaza. El grupo palestino afirmó que la propuesta era un «engaño destinado a llevar a miembros de Hamás a una reunión para atacarlos», lo que pone en peligro cualquier avance en las negociaciones. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) confirmaron la responsabilidad del ataque, afirmando que se dirigió a los «cabecillas» de Hamás responsables de la masacre del 7 de octubre, cumpliendo así una promesa anterior de llegar hasta sus líderes en el extranjero.




