Este domingo, el día que el presidente de EE. UU., Donald Trump, había señalado para la firma del memorando de entendimiento con Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz, se ha acabado volviendo extrañamente familiar. Al igual que ocurrió hace justo una semana en un contexto muy similar, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha vuelto a ordenar el bombardeo de los suburbios de Beirut, la capital de Líbano. Y, como hace una semana, Irán ha amenazado con represalias. Israel ya ha cancelado conciertos y prohibido reuniones multitudinarias porque prevé la llegada de misiles en las próximas horas. El hipotético acuerdo entre Washington y la República Islámica ha vuelto a quedar, así, en el aire.
También como ocurrió la semana pasada —cuando el ataque a Beirut derivó en el primer intercambio de fuego entre Irán e Israel desde el alto el fuego declarado en abril—, Trump ha cargado contra Netanyahu, afirmando que “no tiene una puta brizna de juicio” y reprochándole haber bombardeado justo antes de la firma del acuerdo. “La ha retrasado unas pocas horas. Estaba prevista ahora mismo y se ha fijado para dentro de unas horas”, ha declarado el presidente estadounidense al medio Axios. “Ya se lo he dicho: no estoy nada contento con su ataque a Beirut”, ha insistido. En su red social, Truth, el republicano ha subrayado que el pacto con Irán incluye el cese de hostilidades en Líbano, y ha pedido a Teherán que dé marcha atrás en su anunciada respuesta.
El bombardeo israelí, en un edificio residencial de Dahiye (los suburbios de mayoría chií al sur de Beirut), ha causado al menos tres muertos y siete heridos, según los servicios de rescate. Ha llegado sin aviso previo, por lo que las imágenes de los lugares atacados muestran cómo las explosiones alcanzan a coches que circulaban por la zona. Israel asegura haber apuntado a un “cuartel de Hezbolá”, en respuesta al lanzamiento por parte de la milicia libanesa proiraní de tres drones contra el norte de Israel, y da por muerto a uno de sus mandos, Ali Mussa Daqduq, en otro ataque en el sur. “Israel no tolerará ataques contra su territorio”, han señalado el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y su ministro de Defensa, Israel Katz, en un comunicado conjunto.
Poco después, Sardar Asadi, integrante del principal mando militar conjunto de Irán, Jatam al Anbiya, ha aseverado: “Sin duda, estos crímenes no quedarán sin respuesta”. Israel, de hecho, “se prepara para un posible ataque” contra su territorio “en las próximas horas” ha admitido su ejército esta tarde, el cual se encuentra en estado de máxima alerta y preparado para diversos escenarios defensivos y ofensivos.
La escalada es fruto de la ecuación que Netanyahu viene tratando de establecer. Pese a la existencia sobre el papel de un alto el fuego en Líbano, se ha atribuido “libertad de acción” para seguir ocupando el sur del país, bombardearlo a diario y destruir todas sus aldeas, salvo las cristianas; pero solo asume que Hezbolá abra fuego contra los soldados que se encuentran en territorio libanés. Cada vez que, como esta semana, la milicia libanesa lanza drones contra objetivos en el norte de Israel, el ejército bombardea los suburbios de Beirut. Es lo ocurrido este domingo. Y como Irán —aliado y financiador de Hezbolá— ha establecido otra ecuación (cada bombardeo en la capital libanesa implica misiles contra Israel), el guion de las amenazas cruzadas se repite.
La ecuación israelí ha tenido hasta ahora una consecuencia deseada, que es boicotear lo más posible un acuerdo entre Irán y EE. UU., y otra indeseada: la creciente desconfianza entre Netanyahu y Trump, cada uno con sus propios intereses cada vez más distantes y su propia cita con las urnas este año. El ataque en Beirut no solo ha generado un cruce de amenazas entre Irán e Israel, sino que ha embarrado de inmediato el diálogo que Trump ansía cerrar cuanto antes con la República Islámica.
El jefe del equipo de negociadores y presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, ha amenazado con romper las negociaciones con EE. UU., al considerar que Washington “carece de voluntad para cumplir sus compromisos o de la capacidad de hacerlo” y “no puede obtener concesiones dando luz verde” a Israel. Así, ha añadido, “es imposible hablar de seguir adelante”. “La táctica del ‘poli bueno, poli malo’ ha quedado obsoleta”, ha señalado Qalibaf en un mensaje en la red social X.
Irán había insistido desde la víspera en que el hipotético acuerdo no se firmaría este domingo, pese a las presiones y anuncios de Trump, y la agencia de noticias Fars ha informado de que está aún negociando cláusulas con Washington a través del equipo negociador catarí. El borrador de acuerdo pendiente de firma incluye que Irán suspenda su programa nuclear y que Washington retire las sanciones al petróleo durante 60 días destinados a alcanzar un acuerdo definitivo, según ha declarado un alto funcionario iraní a la agencia de noticias Reuters.



