A más de una semana de los devastadores terremotos que sacudieron la región el pasado 24 de junio, diversas familias carabobeñas continúan enfrentando situaciones críticas debido a los daños estructurales en sus viviendas, viéndose obligadas a convivir con el miedo y la incertidumbre.
En el sector Goaigoaza de Puerto Cabello, Yubeisy Colmenares y su familia atraviesan una realidad alarmante tras el colapso de la parte trasera de su casa en la calle Libertador, incidente del cual lograron salir ilesos gracias a la rápida advertencia de una vecina antes del desplome total de la zona posterior del inmueble.
Ante la inestabilidad que aún presenta la estructura y el temor constante a nuevas réplicas, ella y su esposo, Gustavo Ramos, han implementado un sistema de guardias nocturnas para proteger a sus dos hijos, de 13 y 7 años, durmiendo por turnos mientras el otro se mantiene en vigilia.
Aunque la propiedad ya ha sido evaluada por comisiones de los Bomberos, la Cruz Roja y la DGCIM, la familia Ramos Colmenares continúa habitando en condiciones de riesgo, a la espera de soluciones definitivas. Esta angustiante lucha por la supervivencia se replica en otros hogares, como el de la familia Romero en Morón, cuya vivienda también sucumbió ante la magnitud de los sismos.
Durante aquel evento, Wilmari Romero logró proteger con su cuerpo a sus dos hijos y a su hermano de 11 años mientras la platabanda y las paredes de la cocina se derrumbaban a su alrededor, dejando como única zona segura el espacio donde todos permanecían reunidos. Actualmente, esta familia se encuentra resguardada en una casa que funciona como iglesia; sin embargo, al igual que los habitantes de Goaigoaza, viven con inseguridad debido a que el refugio también presenta daños estructurales, obligándolos a enfrentar las constantes réplicas sísmicas mientras intentan reconstruir sus vidas tras la pérdida total de su patrimonio material.


