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La Trinidad infernal. Por: Carlos Raúl Hernández

“De esta Trinidad de sombras, nacen el Caos, el Sinrazón y la Muerte Eterna”. John Milton (El Paraíso perdido)

Por lo que parece la democracia no es por aquí de gran interés casi para nadie, puesto que quienes piden comicios no lo hacen por las instituciones, sino para encumbrarse con el seso seco de su simpatía.  Y no es una intuición; reaparecieron unos gatos de los más activos desestabilizadores de la democracia en su momento. Luego de destruirla, se posaron en el extremo abstencionista para despejar el camino a la revolución. Destemplados y ahora obsesivos de “elecciones ya”, hacen birlibirloque a las reformas constitucionales y legales sine qua non, que erradicarían los pilares autoritarios, como la reelección sin límites. El Oráculo repite: luego de la luna de miel, vendrá la pesadilla y seguirán su purgatorio y arrepentimiento.

Sin eliminar la reelección presidencial indefinida, modificar la duración del periodo (además de otros cargos ejecutivos) ni cambiar el sistema electoral (CNE, Ley del Sufragio y Ley de Partidos) se perpetúa lo que existe, ahora con otras caras, las suyas y manipulan el deseo de cambio. Tuve la responsabilidad de asumir en el senado el debate sobre reforma electoral que duró semanas entre parálisis y fulgores porque los partidos daban la discusión con intensidad.  Se trajeron eminentes expertos electorales en medio del clima de reformas: Dieter Nohlen, Daniel Zovato, Rafael Lopez-Pintor, Sonia Picado- Sotela y se analizaron las ideas de Raymond Fusilier,Gerard Conac,George Burdeau, Giuliano Amato y otros.

Aprendimos de ellos, entre muchas cosas, que existen dos valores electorales universales, pero no necesariamente complementarios: proporcionalidad europea, que cada fuerza obtenga un número de cargos electivos equivalente a sus votos; y la nominalidad anglosajona, que los candidatos de circuitos pequeños, accesibles para que sean cercanos a los electores (caso de los alcaldes). Optamos por el sistema proporcional personalizado que contenía lo mejor de ambos métodos. Pasada esta etapa de esplendor,  en la elección de la constituyente (1999) se contrataron especímenes para corromper el sistema de adjudicación de bancas y crear la aberrante sobrerrepresentación mayoritaria.

Así con 65% de los votos, la mayoría obtuvo 90% de los cargos. A partir de ahí el “Kino electoral”, “las morochas”, la “lista nacional”, fueron aberraciones que la oposición preservó gustosa en 2015. Si pedir elecciones libres no es un cacareo oportunista, comencemos por volver a tener un sistema electoral transparente, que destierre tracalerías y aporte estabilidad política e institucional. En el Apocalipsis, el Mal hace una parodia burlesca de la Santísima Trinidad: el Falso Padre, el Anticristo (el falso Hijo) y el Falso Espíritu Santo. Dante exhibe al demonio con tres rostros: la ira, la ignorancia y el odio. Milton en El Paraíso perdido, también presenta la tetralogía infernal.

La forman Satanás, el Pecado y la Muerte. No existe en el cielo ni en la tierra, ni el paraíso ni en el infierno, ni dentro ni fuera, ni abajo ni arriba, posibilidad de hacer un cambio económico sin demoler la Trinidad infernal: devaluación- inflación-sistema de prestaciones. Celebramos que desde hace casi 10 años el llamado socialismo dejó de ser “el proyecto” o “el proceso”, pero esa tesis-antítesis no llega a una síntesis, la desembocadura, un plan de estabilización económica, lo que hace tambalear la apuesta norteamericana, dudar a Marco Rubio y que reconozca la “asamblea de 2015”. En esta aceleracion comienzan las negociaciones y ya hasta se menciona algún criptocandidato empresarial.

El gobierno se resiste a racionalizar el Estado, -no grande, sino acromegàlico, deforme, enfermo-, el gasto público, la emisión de moneda inorgánica, y no parece percatarse de que liquidar ese corpachón impotente es el principal objetivo y solo en segundo lugar, el “crecimiento”. Ese error era el corazón de la política cepalista y la catastrófica crisis de la deuda de los años 80, su filosofía, hasta que reventó la bomba, el virus de la muerte negra. Naturalmente que la economía va a crecer arrastrada por la locomotora de la industria petrolera, minera y las aperturas promovidas por el gobierno. Pero la inflación-devaluación-sistema de prestaciones devora el ingreso de los trabajadores.

  1. EEUU dosifica entregarnos los recursos para evitar que se quemen en el mercado (gris) de divisas. En 2016 comenzó la hiperinflación, 275%; en 2017 fue de 863%, en 2018 llegó al pico de 130 mil %, en 2019 se puso en 9585%. Hoy, anualizada según el FMI es de 600% (otros dicen que podría ser de 250%) En el más benigno de los cálculos es, con ventaja, la mayor del mundo, 3 veces y media la de Sudán, que le sigue. Después de 9 años de inflación no hay manera de leer esto con tranquilidad o como un triunfo, a no ser Jaimito, a quien le pusieron cruelmente bosta al pie de la cama el día de Navidad, y salió alborozado porque “el Niño Jesús le había traído un caballito”.

Ninguna reivindicación laboral, bonificación ni aumento de salarios puede compensar la caída sistemática del ingreso que nace de la emisión de moneda inflacionaria y la devaluación. EE. UU nos abrió las puertas del FMI, pero seguimos sin un programa de estabilización como si estuviéramos en Suiza o en Narnia.  Advertimos hace tres años que concebir las elecciones anunciadas (28J) como un acto revolucionario, un abrupto cambio de régimen, sin política ni gradualidad, conducía a la nicaraguización, como ocurrió, y el 3E se produjo la respuesta. Luego, en un alarde de torpeza, parte esencial de la oposición siguió sin entender la atronadora señal que enviaba el norte.

Acostumbrados a insultar, lo hacen a Javier Negre, pupilo de Trump. Al mismo tiempo, EE. UU muestra alarma por las dificultades ante la trilogía diabólica y se corroe la confianza en el experimento venezolano. El crecimiento económico siempre es positivo porque es producción, puestos de trabajo, distribución, pero lo anula la peste inflacionaria.  Las minorías, las clases medias altamente calificadas, empresarios, médicos, abogados, comerciantes, etc., pueden compensar la inflación, no así la mayoría de los trabajadores con sueldos fijos. Se trata de erradicar la paradoja del populismo: empobrecer a los pobres y enriquece a los acomodados. Hay que liquidar la irracionalidad del gasto y la impresión de moneda.

CarlosRaulHer

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