WASHINGTON D.C. — La presión por la transparencia se impuso en el Capitolio. Tras un abrumador respaldo de la Cámara de Representantes, el Senado de Estados Unidos aprobó este martes por unanimidad la Ley de Transparencia con los Papeles de Epstein. La legislación exige al Departamento de Justicia la inmediata desclasificación de los archivos que detallan la red de tráfico sexual del fallecido millonario pederasta.
En un gesto que subraya la urgencia política del caso, los 100 miembros del Senado dieron su apoyo a la medida en tiempo récord, pocas horas después de que la Cámara Baja votara 427 a favor y solo uno en contra.
La celeridad fue impulsada por el líder de la minoría demócrata, Chuck Schumer, quien forzó el proceso mediante un «consentimiento unánime» para evitar cualquier estancamiento. «Se trata de dar al pueblo estadounidense la transparencia que han estado exigiendo,» declaró Schumer. «Las víctimas de Jeffrey Epstein han esperado bastante».
La promesa de Trump y la controversia de la firma
Con la aprobación del Capitolio, el texto pasará directamente al escritorio del presidente Donald Trump. Pese a haberse opuesto a divulgar el material durante meses, el mandatario ha prometido que firmará la ley «cuanto antes».
La firma presidencial, no obstante, se aplazó hasta el miércoles, luego de que Trump mantuviera una cena con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán. El presidente había defendido al príncipe horas antes, restando importancia al asesinato del periodista Jamal Khashoggi, un evento que desató críticas y aumentó el escrutinio sobre el calendario de la Casa Blanca.
Trump, reaccionó a la noticia con un mensaje en su red social Truth, en el que dio un giro a su postura: «Me da igual cuándo se apruebe… simplemente no quiero que los republicanos pierdan de vista todas las victorias que hemos conseguido», escribió, intentando desviar la atención de los archivos.
La incógnita del departamento de justicia
A pesar de la voluntad unánime del Congreso y la promesa presidencial, la desclasificación no está garantizada de forma inmediata. La anterior fiscal general había prometido la divulgación de los documentos, para luego retractarse, y ahora la incertidumbre recae sobre la actual fiscal general, Pam Bondi.
En sus manos reposan millones de documentos inéditos que podrían desvelar la implicación de decenas de hombres influyentes, instituciones financieras y fallos judiciales que permitieron a Epstein operar impunemente.
La gran interrogante es si el Departamento de Justicia intentará resistirse a la divulgación, argumentando que existen investigaciones judiciales en curso. Esta vía podría ser facilitada por el propio presidente, quien días antes pidió a Bondi investigar exclusivamente a prominentes demócratas cuyos nombres aparecieran en los documentos.
Este gesto, que viola el principio de la separación de poderes, hace temer a la oposición que la Administración use la excusa de la investigación en curso (solo contra figuras demócratas como Bill Clinton, Larry Summers y Reid Hoffman) como pretexto para seguir negándose a publicar la totalidad de los archivos.




