En una audiencia de alta tensión en el Distrito Sur de Nueva York, el magistrado de 92 años se opone a cerrar la causa por narcotráfico. Sin embargo, se muestra escéptico ante la negativa de la OFAC de permitir que el depuesto mandatario use fondos venezolanos para pagar a sus abogados: «Ya no representan una amenaza», sentenció.
NUEVA YORK. — Nicolás Maduro y Cilia Flores han vuelto este jueves al tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York, despojados de la parafernalia del poder y enfundados en los uniformes beis del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. En una sesión que se prolongó por casi una hora —un tiempo inusual para trámites procedimentales—, el juez Alvin Hellerstein marcó el territorio: «No voy a desestimar el caso», afirmó con voz quebrada por una persistente tos, echando por tierra la principal aspiración de la defensa en esta etapa.
Maduro, que entró a la sala con una sonrisa y un saludo a su equipo legal, lucía más delgado y serio que en su comparecencia de enero. A su lado, una Cilia Flores más estática escuchaba cómo su defensa solicitaba un electrocardiograma urgente por problemas de salud no revelados, contrastando con la imagen de «fortaleza» que su hijo, Nicolás Maduro Guerra, había difundido recientemente en redes sociales.
La encrucijada de la Sexta Enmienda
El debate central no giró sobre los cargos de narcoterrorismo y posesión de armas, sino sobre el dinero. La OFAC revocó en febrero la licencia que permitía a la pareja pagar a sus abogados con fondos del Estado venezolano, bajo el argumento de que Washington no reconoce a Maduro como presidente legítimo.
La fiscalía, representada por Kyle Wirshba, sostuvo que permitir el acceso a esos fondos «socavaría las sanciones» destinadas a evitar el saqueo de la riqueza nacional. No obstante, Hellerstein, designado en su día por Bill Clinton, mostró un escepticismo punzante:
«El acusado está aquí; Flores está aquí. Ya no representan ninguna amenaza para la seguridad nacional. El derecho que aquí se ve implicado es el derecho a contar con asistencia letrada constitucional», declaró el juez, apelando a la Sexta Enmienda.
El principal letrado de Maduro, Barry Pollack —conocido por defender a Julian Assange—, ha amenazado con retirarse si no se garantiza el pago de sus honorarios, lo que dejaría al depuesto mandatario en manos de defensores de oficio, un escenario que la defensa califica de indefensión técnica.
ILUSTRACION: Jorge Torrealba




