AL GRANO

Douglas González
Tres hechos se concatenan en el tiempo para acelerar el advenimiento de un nuevo escenario nacional: la captura de Nicolás Maduro, la tutela de la transición ejercida por Estados Unidos y el devastador terremoto del pasado 24 de junio. Tres hechos que indican que el país está en un proceso de cambio y transformación. Si había alguna que los dos primeros conducirán al país a su inevitable refundación, la tragedia sísmica terminó por colocar a la nación en el horizonte de las posibilidades; no por el fenómeno sísmico en sí, sino porque este reveló el desmantelamiento y distorsión que sufre el Estado venezolano -con miles de muertos, desaparecidos y un aparato estadal colapsado- que nos coloca a todos frente a una pregunta fundamental: ¿Qué Venezuela está naciendo de estas ruinas?
Hechos que también vienen a demostrarnos una vez más que la historia de los pueblos no se detiene, y cuando avanza, las instituciones, las certezas políticas, los liderazgos, y hasta la tierra que los ha sostenido se derrumban, tal como aconteció el pasado 24 de junio.
¿Qué Venezuela queremos que nazca de estas ruinas? Es la pregunta cuya respuesta traduce el sentir de las mayorías: poner fin a veintisiete años de destrucción moral, institucional y económica, enmarcados hoy en una tragedia natural de proporciones históricas, que ha debido enfrentar un país desnudo que ha removido escombros con sus propias manos.
Un terremoto cobra víctimas, pero un Estado débil y distorsionado en sus funciones las multiplica.
Venezuela desperdició años, sacrificó su sistema de salud y emergencia hospitalaria, su planeamiento urbano, su capacidad industrial en nombre de un proyecto político cuyo real objetivo fue uno sólo: aferrarse al poder, apuntalado con una fuerza militar represiva. Cuando los dos terremotos colapsaron al país, el Estado había sido sometido a una demolición durante veintisiete años.
La discusión que debe ocuparnos no es cómo termina el régimen. La verdadera discusión debe centrarse en cómo, y a partir de qué comienza la nueva Venezuela.
Un punto de partida es reconstruir el Estado de Derecho, porque una transición fracasa cuando se sustituyen personas, pero se conservan las mismas prácticas.
Venezuela necesita un sistema judicial independiente no-partidista, sin cuotas ni tribus, con verdaderos juristas.
Refundar la Fuerza Armada y generar escenarios para la reconciliación nacional.
Pero sobre todo, Venezuela necesita mirar y mirar hacia adelante en un futuro democrático, porque el terremoto rompió el suelo venezolano, pero la historia de estos últimos meses rompió el actual sistema político.
Amanecerá y veremos.
¿Evacuación o extracción?
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