* Con escenarios abarrotados, el mayor exponente de la Nueva Trova Cubana demostró plena vigencia al reunir público de todas las edades con ideas tejidas con maestría musical desde la prosperidad para ser bueno y feliz, el amor en sus múltiples matices, las heridas de la vida y la incongruencia de Israel en su acción contra el pueblo palestino, al preguntarse “¿cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno?”
Por: Denis Miraldo
Mientras miles de niños de la ciudad de Medellín, con sus disfraces y su inocencia, pedían dulces y golosinas durante la festividad del Halloween el viernes 31 de octubre en la noche, un hombre armado con guitarra, voz y canciones y acompañado por su banda donde participa su propia familia, ofreció el alimento más elevado para el espíritu, como lo es ese banquete de música y poesía para el despertar de la conciencia, la denuncia del egoísmo y la promoción del amor como fuerza fundamental de la humanidad.
Y claro, pasó todo lo que podía pasar en un concierto de Silvio Rodríguez, el cantautor por excelencia, el exponente más visible de la Nueva Trova Cubana y uno de los principales inspiradores de las causas sociales en el mundo, un artista comprometido con sus ideales y que hoy, a sus 78 años, pareciera que mantiene, en cada disco y en cada concierto, su ya vieja promesa, “yo me muero como viví”.
En el Estadio Polideportivo Sur de Envigado en Medellín fuimos testigos de una noche memorable, el penúltimo escenario antes del cierre de su gira por Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia, la primera fuera de Cuba desde 2022, cuando visitó México, donde estuvo en el icónico Zócalo de la capital ante 100.000 personas.
Asistencia sobrepasada y ansiosa
Y a quince años de su última visita a Colombia, la expectativa fue tan grande que en la capital de Antioquia debió cambiarse el escenario, para recibir a una cifra cercana a los veinte mil asistentes, en un proceso no exento de polémicas pues hace un mes Superintendencia ya investigaba a Páramo Presenta, Ticketmaster y Taquilla Live por presuntas fallas en el manejo de los conciertos.
Pero hablemos de la experiencia, una noche donde pasó de todo como se dijo al principio, problemas de sonido, ambientación musical previa descuidada, una romántica propuesta de matrimonio, ausencia de telonero local, imprecisiones logísticas, “feedbacks” inoportunos durante la noche y, según muchos asistentes, sobreventa de entradas en el área vip, sobrepasada antes de iniciar la presentación, incluso con reorganización de las sillas por parte de los mismos asistentes para eliminar pasillos y obligar al público “sobrante”, que entorpecía la visión, a ubicarse de pie en los laterales.
Además de esos tumultos focalizados y la expresión de consignas políticas como “Alerta que camina la Espada de Bolívar por América Latina”, algunas respondidas airadamente, en realidad, el predominio del ambiente era de gran alegría y expectación, con frases del cancionero de Silvio impresas en camisetas y un público que demostró ser fiel seguidor de este gran exponente del humanismo artístico latinoamericano.
Tampoco faltaron aquellos que buscan esa reacción del Silvio que a veces se exaspera y le reiteraban solicitudes clásicas y reiterativas como “Ojalá”, para lo cual bastaron algunas palabras breves de advertencia por parte del cantautor.
Lien Rodríguez, cantautora cubana, radicada en Colombia, fue la sorpresiva telonera, con un desempeño que dejó un poco confundida a la audiencia, pues no fue anunciada y su estilo requería un poco de conocimiento previo, una mezcla de virtuosismo rabioso de trova, jazz y matices flamencos en su guitarra, con melodías inesperadas y letras de un universo particular y surrealista, una propuesta que apunta a la trova del futuro en armonía con la música de vanguardia.

Naturaleza humana en banda sonora
Sin mucha espera, la salida de los músicos encendió la euforia en el recinto y Silvio Rodríguez invocó el pensamiento de José Martí, al iniciar el concierto con la lectura de su artículo “Maestros ambulantes”, para dejar claro el rumbo filosófico de esta gira, que busca una comprensión holística de la felicidad, más allá de las particularidades políticas, “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.
Silvio contó con un acompañamiento magistral por parte de Emilio Vega en vibráfono, Jorge Aragón al piano, Jorge Reyes en contrabajo, Rachid López en guitarra, Maykel Elizarde en el tres, Oliver Valdés en batería, su hija Malva Rodríguez en el piano y voces y su esposa Niurka González en la flauta y clarinete, quien fue ovacionada por el público luego de un solo deslumbrante.
Está alineación nos dejó momentos elevados en la interpretación y ensamble rítmico, solos excepcionales, arreglos nuevos de canciones clásicas, alternancia de instrumentos hasta aquellos momentos íntimos a voz y guitarra, un sentido homenaje a Pepe Mujica en “Más porvenir” y un tributo conmovedor a la generación de la Nueva Trova Cubana en el cual Silvio acompañado de su esposa e hija interpretaron canciones de Vicente Feliú, Noel Nicola y Pablo Milanés.
¿El momento más sublime? “Te amaré”, en mi criterio, la interpretación más íntima y personal, donde Silvio dejó el alma con su guitarra y su voz desgarrada. Momento brillante de profunda y emocionada autenticidad. También
Los clásicos del autor se sucedieron durante la noche con un público que los cantó íntegramente, a veces en auxilio de la voz de un Silvio de 78 años, de absoluta afinación, timbre nasal tan característico que mejora en lo auditivo con el efecto de las heridas del tiempo, para recordarnos que el genio es eminentemente un ser humano en pie de lucha con sus limitaciones naturales, con la vitalidad de su excelencia musical y su pensamiento liberador.
Pero llegado el momento del poema “Halt” de Luis Rogelio Nogueras, Silvio recordó los sufrimientos en los campos de concentración del nacismo y recitó con absoluta solemnidad mientras recibía la emblemática kufiya palestina, “Pienso en ustedes y no acierto a comprender cómo olvidaron tan pronto el vaho del infierno”.
Poesía musical para parir un corazón
Nota del Autor: Pido disculpas a mis lectores por expresar los sentimientos que me asaltaron esa noche, situación impropia de la debida objetividad periodística, pero no la puedo tener cuando pude cumplir este sueño de asistir al ritual poético musical de uno de mis principales referentes en mi propia trayectoria artística.
Y lloré. Durante gran parte de la noche, con cada frase conmovedora, en cada melodía amada desde mi juventud, con el estremecimiento de una voz a veces carrasposa que desafía su propio tiempo, en la absoluta felicidad de familias enteras que acudieron al llamado de una nueva era en su búsqueda de parir un corazón.
Para quienes deseen saber más, enumero el desarrollo del concierto: Lectura de fragmento del artículo “Maestros ambulantes” de José Martí, Ala de colibrí, Historia de las sillas, Sueño con serpientes, Virgen de occidente, La bondad y su reverso, Pequeña serenata diurna, Casiopea, Nuestro después, Créeme, Yolanda, Más porvenir, Eva, Canción del elegido, Quién fuera, Te amaré, Lectura del Poema «Halt» de Luis Rogelio Nogueras, La era está pariendo un corazón, Ángel para un final, Unicornio, Ojalá, Venga la esperanza y El necio.
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