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Transitología, megalodones y macrauquenias “El cambio es una puerta que se abre desde adentro”. Virginia Satir Por: Carlos Raúl Hernández

En la década anterior instalé un Congreso de Ciencia Política en la USB dedicado a discutir las corrientes académicas de “la transición” que nos esperaba al voltear la esquina. No fue así por cachicornetos, por decisiones hepáticas abstencionistas, que aún hoy amenazan. Un hígado con daños “y el aviador se equivoca de cielo”, escribió Neruda. Oí a P.L. Zapata: que “un hombre serio es aquel que no tiene nada en la cabeza y por eso arruga la cara”. Un radical tampoco tiene nada en la cabeza y grita idioteces feroces.

El estudio de las transiciones tiene un nombre que te deja bien vestido, “transitología”. El licenciado vidriera descubrió el libro de Bitar y Lowenthal y de ahí hizo su carrera de transitólogo. Esta disciplina comienza en los estudios de un supuesto paso del feudalismo al capitalismo, un pajonal ideológico, porque algo parecido al feudalismo existió apenas en pocos sitios muy localizados de Europa, ni hablar de Asia, África, América u Oceanía.   Marx lo “universaliza” para que cuadre en el lecho de Procusto donde quiere meter la evolución humana, el “materialismo histórico”, ni materialista ni histórico, sino metafísica antihistórica, que termina en una nada, “el comunismo”.

Un grupo de teóricos asumió el sacerdocio de esta religión transitológica: Paul Sweezy, Maurice Dobb, Charles Betthelheim, Paul Baran. El declive de las dictaduras iberoamericanas en los 80s transubstancia la transición y la secuencia es ahora de dictadura a democracia, consagrada en 1989 con la caída del Muro de Berlín y el fin del bloque soviético que analiza Fukuyama.  Llegados los 2000, el sentido se invierte en 180 grados y la transición entonces es del “capitalismo” al “socialismo” en Iberoamérica. Pero la ortodoxia del socialismo del siglo XXI la asumieron pocos, porque Brasil, México, Uruguay, Chile, Colombia, si bien le coqueteaban, mantuvieron sociedades y economías abiertas.

Según Polity Data, grupo de investigadores de EE. UU, López Obrador dejó México en la alta puntuación en apertura económica y democracia que mejora Sheinbaum. Es bufo el mapa que pintaba de rojo a México, Brasil, Colombia y Chile. Entre tanto, más allá de los océanos, un terremoto sacude la historia y el pensamiento político. La China de Mao, el país más miserable y sufrido de la tierra, viaja en sentido opuesto, otra vez del “socialismo” al “capitalismo radical” autoritario y arranca de la miseria extrema mil millones de seres, cuatro veces más rápido que la revolución industrial inglesa.

A la fecha de hoy, es sustantivo el cambio en el clima emocional venezolano, la mejora de las expectativas, y se vuelve a creer que el mañana vale la pena. La respuesta debe ser el entendimiento, la estabilización y la reforma económica para materializar la esperanza.  Derrotar el reflejo destructivo y apoyar a Delcy Rodríguez a partir del mismo 3E en su peligrosa ruta. Ella impide que se repitan en nuestro país las desgracias de Irak, Libia (o Irán hoy), el infierno de una invasión terrestre con cientos de millares de marines, decenas de miles de muertes y subsecuente estado de anarquía, violaciones, saqueos, incendios. Por fortuna no somos chiítas.

Esa era la espada… y la pared: que, desde sus casas, cómodos youtubers, la acusan de “traidora” porque ha debido sacrificar a los venezolanos, a su partido y luego inmolarse, para que ellos produjeran brillantes streamings antiimperialistas desde Madrid, EE. UU o Londres. Cualquier error al timón, habría sido catastrófico, pero su genética la ayudó y demostró que tenía lo que hay que tener. No le fallaron el pulso ni los “nervios”, ni lanzó lo que tenía por la borda en un arranque emocional: ejerció su condición de mujer. El optimismo es el agradecimiento colectivo por el cambio en marcha, según estudios de opinión respetables, no por supuesto, la encuesta-boletín del Manicomio de Charenton.

Este hospicio ya forma parte del folklore amotinado contra el cambio, anacrónico como un megalodón, el tiburón volador de películas baratas y alocadas. Nuestros propios ayatolas off shore, anatematizan: “temed al que hable de señora o de gobierno en vez de régimen”: ese es agente del demonio. En la edad media había palabras condenatorias y prohibidas. Orwell caracteriza la neolengua y el criminopensar del stalinismo, luego fidelismo; y más recientemente, nos regañaban por decir Avila y no Waraira repano.  Estamos siempre imputados por “delitos del lenguaje” y debemos hablar la jerga ridícula, fanática e ignorante (hay regímenes democráticos y regímenes autoritarios), de quienes llevan 27 años de fallos atronadores que apena recordar.

A finales del año pasado combatimos la contrahecha idea de que la soberanía era patrimonio del gobierno. En estos dos meses, el enemigo ha sido el miedo a apoyar la transición, hoy también derrotado.  La última memez es creer que “no hay transición sin mí”, luego de rechazar la reforma a la Ley de Hidrocarburos y la Amnistía.  La Asamblea traza la pauta del cambio, como hizo con la obsoleta ley, un cinturón de castidad sobre el petróleo. Adiós al populismo-chauvinismo económico y la ignorancia de realidades productivas simples. Esa ley nos impedía beneficiarse de las mayores reservas petroleras del planeta. PDVSA es en la actualidad un depósito de chatarra, con una deuda impagable, 110 mil millones de dólares.

En el supuesto absurdo de que invirtiéramos hasta el último centavo del presupuesto nacional de 2025, (22 mil millones de dólares) en amortizar esa deuda, requeriríamos cinco años para saldarla, sin pagar un solo médico, maestro, obrero o secretaria ni arreglar una calle. La mentalidad premoderna no entiende que ni éste ni ningún Estado podría asumir un pasivo (130% del PIB en total). La inversión debe provenir de capitales globales y los réditos deberán ser únicamente para hospitales, escuelas, seguridad social y ciudadana, comunicaciones, fondos de previsión, infraestructura, calidad de vida.

La dualidad moral e intelectual en la pregunta de la “encuesta” del Marqués de Sade, ¿la ley de amnistía es una farsa? más que estadística, es bazofia, alevosía, nocturnidad. Se conoce que alguien había vetado liberar un grupo de presos, porque “ayudaría” a sus adversarios. Los cabecillas radicales animan a sus haters, la plaga de chinches, a encanallar, difamar a quienes divergieron ¡gracias al cielo! de sus dislates, e igualan el inframundo ético de aquella “guerrilla comunicacional”.  Bonny Cepeda decía: ¡el cambio va!

@CarlosRaulHer

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