Hezbolá dinamita el alto el fuego de Washington en el Líbano y desafía la estrategia de Trump
Por: Redacción LA CALLE
Beirut / Madrid
El escenario de paz diseñado por la diplomacia estadounidense para Oriente Próximo ha saltado por los aires. En un movimiento que desafía directamente los acuerdos alcanzados entre los gobiernos de Líbano e Israel, Hezbolá ha rechazado categóricamente el plan de alto el fuego mediado por la administración de Donald Trump. El líder de la milicia chií, Naim Qassem, ha calificado la propuesta como una «hoja de ruta para aniquilar a parte del pueblo libanés», sepultando así las expectativas de una tregua inmediata en la región.
El veto del grupo proiraní expone una grieta profunda en la estrategia del Gobierno libanés del primer ministro Nawaf Salam, que había negociado el cese de hostilidades a espaldas de la milicia para intentar recuperar el control del Estado y desarmar al grupo no estatal. El acuerdo original contemplaba la retirada total de los combatientes de Hezbolá al sur del río Litani. Sin embargo, Qassem ha exigido la salida previa e incondicional de las tropas israelíes del sur del Líbano, advirtiendo de que la resistencia armada continuará «mientras dure la ocupación» y que el norte de Israel no estará a salvo.
El eco de Teherán y el factor Donald Trump
El rechazo de la milicia libanesa se alinea con la línea dura impuesta desde Teherán. Apenas unas horas antes del anuncio, Esmail Qaani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, enfatizó en redes sociales que la exigencia mínima pasa por el retorno de Israel a las posiciones previas a la guerra. La diplomacia de Irán insiste en que el conflicto libanés es «parte integral» de cualquier negociación global, boicoteando el intento del presidente estadounidense, Donald Trump, de desvincular las conversaciones de paz iraníes del avispero de Beirut.
La inestabilidad de la tregua ya ha provocado fuertes tensiones políticas en la Casa Blanca. El propio Trump confirmó haber mantenido una agria conversación con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a quien llegó a calificar de «loco» debido al peligro de que la campaña militar israelí contra Hezbolá descarrile los esfuerzos de Washington por pacificar la región con Irán, un objetivo prioritario para el republicano debido al impacto de la crisis energética global en las vísperas electorales en Estados Unidos.
Combates sobre el terreno
Mientras los despachos oficiales cruzan reproches, las armas siguen hablando en el sur de Líbano. Este jueves, las fuerzas aéreas de Israel bombardearon las regiones de Nabatieh y el valle occidental de Bekaa, causando la muerte de cuatro personas. En respuesta, Hezbolá atacó posiciones de soldados israelíes en la aldea fronteriza de Qantara.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha asegurado que su ejército mantiene «libertad de acción» respaldada por Washington para bombardear Beirut en caso de sufrir agresiones, y ratificó que mantendrán bajo control militar los más de 600 kilómetros cuadrados ocupados en territorio libanés como «zona de amortiguación». En paralelo, la prensa local reporta los primeros movimientos del ejército regular libanés, que ha comenzado a reemplazar a las tropas de Tel Aviv en localidades como Dibbine y Marjayoun dentro de un programa piloto de exclusión de actores no estatales que hoy nace prácticamente herido de muerte.




