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Trump mueve el frente al espacio aéreo

CARACAS / MADRID. Lo que comenzó como una alerta técnica se ha transformado en el teatro de operaciones de una nueva fase de la ofensiva de Washington contra el Gobierno de Nicolás Maduro. El cielo de Venezuela es, desde hace una semana, un vasto y silencioso campo de batalla que amenaza con asfixiar la conectividad del país. Al filo del mediodía de este domingo, los rastreadores de tráfico aéreo mostraban una estampa inédita: un inmenso vacío sobre Venezuela, un «agujero negro» donde antes convergían docenas de rutas internacionales.

El mensaje del presidente Donald Trump, quien el sábado se arrogó la potestad de declarar el «cierre total» del espacio aéreo venezolano, es un instrumento de coerción política: aislar al país para aumentar la incertidumbre y reducir la movilidad de mercancías y personas.

Escalada y tensión militar permanente

La estrategia estadounidense se enmarca en la operación militar Lanza del Sur, cuyo objetivo declarado es combatir el narcotráfico, pero que mantiene a Venezuela bajo una presión constante. El despliegue militar sin precedentes en el Caribe, sumado a meses de bombardeos a supuestas narcolanchas, ha generado una respuesta de alerta máxima en Venezuela.

  • Respuesta de Venezuela: El presidente Maduro envió una carta a la OPEP+ acusando a Washington de intentar apoderarse de las «vastas reservas» petroleras del país mediante «el uso de la fuerza militar letal».

  • Advertencia Militar: El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, respondió a los sobrevuelos de aviones caza F18 cerca de la costa de Falcón desplegando un nuevo sistema de defensa antiaérea en el oriente del país. Padrino lanzó un mensaje contundente: «Estamos listos para dar respuesta a cualquier agresión…

La reacción de la región y el grito de Petro

La crisis ha provocado inquietud en toda América Latina, cuyos líderes temen una escalada militar que desate una nueva crisis humanitaria. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, resumió el sentir regional: «Basta un tiro para empezar una guerra, pero nadie sabe cómo acaba».

El crítico más frontal a la estrategia de Trump ha sido el presidente colombiano, Gustavo Petro, quien cuestionó el «cierre de facto» del espacio aéreo venezolano, calificándolo de «completamente ilegal». Petro pidió la intervención urgente de la Organización de Aviación Civil Internacional y de la Unión Europea, advirtiendo que si un presidente extranjero puede cerrar el espacio de otro país sin norma que lo avale, «la soberanía nacional deja de existir».

La crisis en el cielo se remonta al 21 de noviembre, cuando la FAA emitió su primera alerta por incremento de operaciones militares. A esta se sumó la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) española, generando una cascada de cancelaciones de compañías como Iberia, TAP, Avianca, Air Europa y Turkish Airlines.

El Gobierno venezolano tomó esta precaución como un respaldo al «terrorismo de Estado» de EE. UU. y respondió revocando las licencias de todas las compañías que suspendieron sus rutas. La única gran aerolínea que mantiene una conexión estable es la panameña Copa Airlines, aunque ha extremado sus protocolos y opera solo vuelos diurnos.

El aislamiento ya desfigura la vida cotidiana: cientos de venezolanos han quedado varados en aeropuertos como Barajas, y los operadores turísticos rusos han suspendido sus vuelos chárter a la Isla de Margarita, redirigiendo a sus viajeros a Cuba. El gobierno venezolano ha prometido un «plan especial» para el retorno de varados, mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha responsabilizado a la líder opositora María Corina Machado de solicitar el bloqueo aéreo.

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