En una incendiaria comparecencia en Ankara junto a Mark Rutte, el mandatario de EE. UU. tildó de «escoria» a los líderes de Teherán, reactivó las tensiones por la soberanía de Groenlandia y arremetió contra el gasto militar europeo.
POR: REDACCIÓN INTERNACIONAL / DIARIO LA CALLE (Con información exclusiva de un reporte de Patrick Wintour para The Guardian y corresponsalía de Sam Jones en Madrid)
ANKARA / MADRID.– La cumbre anual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ankara, Turquía, que estaba destinada a ser una exhibición de músculo financiero y cohesión transatlántica con la compra conjunta de armamento por el orden de los 50.000 millones de dólares, se convirtió este miércoles en el escenario de una de las embestidas diplomáticas más agresivas y caóticas de la era contemporánea.
A su llegada al foro, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, compareció durante 15 minutos junto al nuevo secretario general de la alianza, Mark Rutte. En una letanía de reclamos y exabruptos, el mandatario estadounidense certificó formalmente el colapso del alto el fuego con Irán tras una escalada bélica nocturna y amenazó directamente con paralizar las relaciones comerciales con España debido a disputas presupuestarias de defensa.
Ofensiva en el Estrecho de Ormuz: «El alto el fuego terminó»
La tensión en la mesa de negociaciones se disparó tras las acciones bélicas ejecutadas por el Pentágono durante la madrugada. Según los despachos diplomáticos obtenidos por el diario británico The Guardian, fuerzas estadounidenses lanzaron ataques masivos contra más de 80 objetivos estratégicos iraníes en las inmediaciones del estrecho de Ormuz. La ofensiva se produjo en represalia por el ataque perpetrado el pasado martes contra tres buques mercantes por parte de milicias afines a Teherán.
Asimismo, la Casa Blanca revocó de manera fulminante la exención temporal de sanciones que permitía al régimen islámico exportar crudo, asfixiando nuevamente el mercado energético global. Al ser interrogado de forma directa sobre si existía algún rastro del pacto de no agresión, Trump fue implacable frente a Rutte:
“Creo que se acabó. No quiero tener nada que ver con ellos. Son escoria. ¿Sabes lo que es la escoria? Son gente enferma, liderados por gente cruel y violenta. Si tuvieran un arma nuclear, la usarían. En mi opinión, esto se acabó”.
A pesar de la virulencia del discurso, el mandatario matizó que los equipos negociadores de Washington pretenden mantener canales de diálogo abiertos para evitar un desastre nuclear definitivo en Oriente Medio.
Furia contra Madrid y la orden al Tesoro de EE. UU.
El eje europeo de la alianza militar recibió la peor parte de la frustración de la Casa Blanca. Trump reclamó con dureza el hecho de que la mayoría de los miembros del bloque continental (a excepción del Reino Unido) negaran el uso de sus bases aéreas para las operaciones de bombardeo en territorio persa. El mandatario lanzó dardos específicos contra el primer ministro británico, Keir Starmer, recordando que Londres tardó dos semanas en autorizar el despegue de cazas desde la base aérea de Fairford en Gloucestershire.
Sin embargo, el punto de quiebre de la cumbre involucró directamente a España. La ira de Washington responde a la negativa de Madrid de suscribir el exigente acuerdo alcanzado el año pasado, el cual obliga a los aliados de la OTAN a elevar sus presupuestos nacionales de defensa al 3,5% del Producto Interior Bruto (PIB) para el año 2035.
En plena transmisión y dirigiéndose al secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, Trump sentenció el aislamiento económico de la nación ibérica:
-
Bloqueo sugerido: “España no acepta nada, y no deberías apoyarlos”, le espetó a Rutte.
-
Instrucción financiera: “No quiero comerciar con ellos, ¿de acuerdo?”, ordenó Trump al secretario Bessent, quien respondió en el acto: “Sí, señor”.
Fuentes del Palacio de la Moncloa consultadas por The Guardian reaccionaron con calculada mesura institucional ante las amenazas arancelarias. “Nuestro país mantiene una excelente relación social, cultural y económica con Estados Unidos, y no tenemos intención de cambiarla”, indicaron portavoces del gobierno español en Madrid, buscando enfriar la retórica presidencial.
La disputa de Groenlandia ensombrece el futuro de la Alianza
En un giro sorprendente que reavivó viejas fricciones diplomáticas, Trump volvió a colocar sobre la mesa su histórica ambición territorial en el Ártico. “Groenlandia es un gran problema para nosotros; es muy importante para Estados Unidos, pero no para Dinamarca”, soltó el mandatario, desestimando la soberanía danesa.
La respuesta de Copenhague no se hizo esperar. A su llegada a Ankara, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue tajante al señalar que su gobierno defenderá “cada centímetro” de sus fronteras, recordando de manera categórica que Groenlandia “por supuesto que no está en venta”.



