La nueva filial, TikTok USDS, estará controlada por gigantes como Oracle y Silver Lake, garantizando la permanencia de la red social bajo supervisión estadounidense. La operación sella una de las batallas más tensas entre Washington y Pekín por la soberanía digital.
SAN FRANCISCO / WASHINGTON. — El culebrón tecnológico más divisivo de la última década ha llegado a su clímax. TikTok ha comunicado este jueves que su matriz, la china ByteDance, ha capitulado ante las presiones de la Casa Blanca, alcanzando un acuerdo definitivo para segregar su negocio en Estados Unidos. La joya de la corona de los vídeos cortos operará ahora bajo una nueva identidad: TikTok USDS Joint Venture LLC, una entidad controlada mayoritariamente por capital estadounidense y vinculada estrechamente al entorno del presidente Donald Trump.
La operación, amparada en la Orden Ejecutiva del 25 de septiembre de 2025, pone fin a la incertidumbre que planeaba sobre 200 millones de usuarios y más de 7 millones de empresas en suelo norteamericano. Es, en esencia, el nacimiento de un «TikTok americano» bajo tutela patriota.
El nuevo reparto del poder: Oracle y el eje de Abu Dabi
La estructura accionarial de la nueva compañía refleja un cuidadoso equilibrio de intereses económicos y lealtades políticas. ByteDance deja de ser el dueño absoluto para conservar apenas un 19,9% de la nueva firma. El resto del pastel se reparte entre actores con línea directa con la Administración Trump:
Oracle, Silver Lake y MGX (Abu Dabi): Cada una ostentará un 15% de la compañía.
Grupo Dell: Participará a través de la firma de inversión de su fundador, Michael Dell.
Gestión operativa: Aunque Shou Chew mantendrá su rol como CEO global, el control operativo en EE.UU. recaerá en Adam Presser, un veterano del grupo que ahora responderá ante una junta controlada por intereses locales.
Una victoria en la «Guerra Fría» de los datos
Más allá de los balances financieros, este movimiento supone una victoria estratégica de primer orden para la seguridad nacional de Estados Unidos. Durante años, Washington ha alertado sobre la capacidad del algoritmo de TikTok para manipular la opinión pública y el riesgo de que los datos de ciudadanos estadounidenses acabaran en manos del Gobierno chino.
La nueva estructura tiene un objetivo técnico claro: blindar el algoritmo. La matriz asegura que TikTok USDS aplicará medidas de ciberseguridad integrales para «proteger la privacidad» de los usuarios, alejando el fantasma de la propaganda extranjera que motivó los intentos de prohibición de la era de Joe Biden.
«¡Estoy tan feliz de haber ayudado a salvar TikTok! Ahora será propiedad de un grupo de grandes patriotas e inversores estadounidenses», celebró Trump a través de su red social, Truth, atribuyendo el éxito a su capacidad negociadora y a la mediación de su vicepresidente, J.D. Vance.
Cronología de un pulso dramático
El camino hacia este acuerdo ha sido cualquier cosa menos lineal. La aplicación llegó a estar inactiva durante 14 horas en vísperas de la investidura de Trump el año pasado, provocando una protesta digital sin precedentes. El mandatario republicano, consciente del peso de la red social en el voto joven que le dio la victoria en 2024, decidió retrasar la suspensión definitiva para organizar esta salida de capital.
El presidente chino, Xi Jinping, dio finalmente luz verde a la operación tras negociaciones calificadas como «dramáticas». A cambio de ceder el control de TikTok en EE.UU., Pekín habría obtenido concesiones en el marco de la guerra comercial que ambos gigantes mantienen abierta.
Análisis: El algoritmo como rehén
Para los expertos en tecnología, el caso TikTok sienta un precedente peligroso y fascinante a la vez: la nacionalización de facto de una plataforma digital. Nunca antes una red social de este calado había sido obligada a cambiar de dueños por razones de seguridad nacional. El éxito de esta «nueva» TikTok dependerá de si el algoritmo, ahora bajo supervisión de Oracle y Silver Lake, conserva la magia que la convirtió en el fenómeno cultural más importante de la década.




