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jueves, abril 18, 2024
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Rosario Monasterio: “San Diego pasó de ser un pueblo dormido, a casi a una gran metrópolis”

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San Diego arribó a su trigésimo aniversario este domingo 14 de enero, fecha en que se promulgó la Ley de División Político-Territorial (Gaceta Oficial Extraordinaria Nro. 494) con la que logró separarse de Valencia, convirtiéndose en un municipio autónomo, al igual que Libertador, Los Guayos y Naguanagua.

Con sólo cuatro alcaldes en su historia, la ciudad ha logrado mantenerse como referente regional y nacional. Pero… ¿Cómo fue que la parroquia San Diego se convirtió en municipio?

La cronista de San Diego, Rosario Monasterio, asegura que los grandes protagonistas del hecho histórico fueron las asociaciones de vecinos, quienes se encargaron de censar a la población, recaudar firmas, entre otros requisitos, para que lo que en algún momento fue conocido como “pueblo de indios” pudiera desmembrarse de la capital carabobeña.

“En ese momento teníamos asociaciones de vecinos del Morro, La Esmeralda, Campo Solo, Primero de Mayo, La Cumaca, El Polvero y el entonces Casco, lo que hoy es el Pueblo de San Diego”. 

Acta de la sesión ordinaria de la Asamblea Legislativa de Carabobo del 21 de diciembre de 1993, donde se aprobó la autonomía municipal de San Diego, Libertador, Los Guayos y Naguanagua.

Isidra Barrolleta, Omaria de Fermín, Hilarion Sánchez, María Fontín, Javier Rojas, Alberto Otero, Nelson Rivas, Elizabeth Figueroa, Laura Guidice, Antonio Medina, Dorquis Medina, Julio Villegas, Miriam Gallardo, Asdrúbal Rodríguez, la misma Monasterio (cuando ejercía el cargo de diputada a la Asamblea Legislativa de Carabobo) fueron los pioneros de la autonomía municipal, quienes estuvieron orientados José Núñez.

“Nuestro jefe, el que nos guió fue el arquitecto José Núñez, con actuación en Valencia. Él, que era concejal de San Diego con actuación en Valencia fue quien nos ayudaba y asesoraba”, recalcó. 

Carmen Teresa Vera, representante del organismo nacional Fundacomun, fue la encargada de recibir todos los recaudos y quien dictaminó que, en efecto, San Diego cumplía con todos los requisitos. Fue así como entonces, el 21 de diciembre de 1993 fue sancionada la Ley de División Político Territorial, que entró en ejecución el 14 de enero del año siguiente.

San Diego, 30 años
Página de periódico del archivo de Rosario Monasterio, cronista de San Diego. Foto: Cortesía

De crecimiento acelerado a déficit de servicios públicos

Monasterio explicó que el primer prefecto del municipio, José Gregorio Ruiz, fue la primera autoridad de la ciudad en crecimiento. Su periodo como alcalde arrancó oficialmente en 1996 y desde entonces la jurisdicción de 106 kilómetros cuadrados experimentó un veloz desarrollo.

Cuando todavía era parroquia, los dueños de algunas haciendas ya habían cedido terrenos que dieron paso a las primeras viviendas, pero tras la separación de Valencia, los sandieganos vivieron una acelerada expansión en cuantos urbanismos, centros comerciales, universidades. Además, las festividades religiosas tomaron fuerza.

“Antes pocos querían venir, decían que había que estar preparados con sándwiches y mucha agua, porque quedaba muy lejos. Después todos querían vivir en San Diego. Pasó de ser un pueblo dormido, a casi una gran metrópolis”, dijo la cronista.

Sin embargo, ese crecimiento que proyectaba a San Diego como uno de los “municipios modelo” del país, fue un arma de doble filo. El colapso fue inminente.

Foto: Av. Don Julio Centeno de San Diego, la principal arteria vial del municipio. Foto: Francis Tineo

En su división, la naciente ciudad contaba con poco más de 40 mil habitantes. En 2011, más de 93 mil personas vivían en San Diego, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística, publicado en 2014. 

“Empezamos a ver conjuntos habitacionales no aptos, que no debieron contar con la permisología, bien sea porque estaban muy cerca de los ríos o por otros factores. Entonces vimos colapsados los servicios de agua y electricidad”, detalló. 

A juicio de Rosario Monasterio, otras de las problemáticas que trajo la sobrepoblación fueron las trancas viales. “La cantidad de carros que había, con esa cantidad de semáforos, generaban muchas colas. Después de la pandemia, ahora son los motorizados los que andan como locos”. 

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