Un clima de extrema tensión e incertidumbre se vive en el municipio Sifontes del estado Bolívar tras confirmarse el deceso del Inspector Jefe Carlos Olivares, de 46 años, quien ejercía como comandante de la estación policial en la población minera de Las Claritas.
El cuerpo del funcionario fue localizado dentro de las instalaciones del comando con una herida por arma de fuego en la cabeza. Pese a que fue trasladado de urgencia por sus compañeros a la medicatura local, los médicos de guardia certificaron su fallecimiento a los pocos minutos de su ingreso a causa de la gravedad de la lesión craneoencefálica, manteniendo las autoridades, de manera preliminar, la hipótesis de un presunto suicidio.
Este hecho ocurre en un momento crítico para la seguridad en el sur de la entidad, marcado por un despliegue militar e investigativo de gran escala tras la confirmación, el pasado fin de semana, de la caída en combate de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, máximo líder de la organización criminal transnacional «Tren de Aragua», quien se ocultaba en la zona liderando campamentos de minería ilegal.
A raíz de esta operación de alto impacto, comisiones de inteligencia militar y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) iniciaron un riguroso proceso de depuración y entrevistas en la región. De forma extraoficial, ha trascendido que varios funcionarios de la estación policial de Las Claritas, quienes estaban bajo el mando de Olivares, habrían sido retenidos para ser investigados ante posibles vínculos de complicidad, protección o filtración de información hacia las células delictivas que operaban en el sector.
Actualmente, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) adelanta las experticias de balística y análisis de trazas para confirmar la tesis del suicidio o descartar cualquier otro escenario en torno al deceso del oficial.
Mientras las investigaciones avanzan, los poblados de Tumeremo, El Dorado y Las Claritas permanecen bajo fuerte custodia militar, escenario que ha provocado un éxodo masivo de cientos de mineros artesanales hacia localidades vecinas como El Callao ante el temor de nuevos enfrentamientos o detenciones preventivas derivadas del vacío de poder en las zonas de extracción de oro.



