MIAMI (AP) — El Departamento de Justicia se prepara para solicitar una acusación formal contra el expresidente cubano Raúl Castro, dijeron el viernes a The Associated Press tres personas al tanto del asunto, en momentos en que el mandatario estadounidense Donald Trump amenaza con una posible acción militar contra la isla.
Una de las personas indicó a la AP que la posible acusación está relacionada con la presunta participación de Castro en el derribo en 1996 de cuatro aviones operados por el grupo de exiliados Hermanos al Rescate, con sede en Miami. Castro era ministro de Defensa en ese momento.
Las tres personas hablaron bajo condición de anonimato al no estaban autorizadas para declarar sobre una investigación en curso. El gobierno cubano no comentó de momento sobre la posible acusación formal, de la cual CBS fue el primer medio en informar.
Cualquier cargo penal contra Castro, que tendría que ser aprobado por un jurado investigador, aumentaría drásticamente las tensiones con La Habana. Después de que el ejército estadounidense capturó al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro en enero pasado, el gobierno de Trump no tardó en centrar su atención en Cuba, estrecho aliado de Caracas, y ordenó un bloqueo a los envíos de combustible hacia la isla, el cual provocó apagones severos en todo el país, aumentó la inseguridad alimentaria y agravó los persistentes problemas económicos en toda la isla.
Pero la guerra de Estados Unidos contra Irán le dio al gobierno cubano un respiro del discurso estadounidense sobre un cambio de régimen.
Richard Feinberg, profesor emérito especializado en América Latina en la Universidad de California, campus San Diego, aseguró que cualquier acusación formal contra Castro será bien recibida por los votantes del sur de Florida, pero es poco probable que convenza a miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos de emprender una segunda guerra por elección —esta vez a solo 145 kilómetros (90 millas) de Florida.
“No hay una copia fácil de Venezuela”, dijo Feinberg. “No hay una línea clara de sucesión y es difícil imaginar un cambio de régimen sin que haya soldados estadounidenses sobre el terreno”.
La AP informó en marzo que el fiscal federal en Miami había creado un grupo de trabajo especial de fiscales y fuerzas federales para presentar casos contra altos funcionarios cubanos, en medio de los llamados de varios republicanos del sur de Florida para reabrir su investigación sobre la presunta participación de Castro en el derribo, ocurrido en 1996.
Mientras Trump busca poner fin a la guerra en Irán, ha crecido la especulación de que pronto podría volver a centrar su atención en Cuba, luego de prometer a principios de este año una “toma amistosa” del país si su gobierno no abre su economía a la inversión estadounidense y expulsa a los adversarios de Estados Unidos.
El director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió el jueves con funcionarios cubanos, incluido el nieto de Castro, durante una visita de alto nivel a la isla.
Castro, de 94 años, asumió la presidencia en 2011 de manos de su hermano enfermo, Fidel Castro, y luego entregó el poder en 2019 a Miguel Díaz-Canel, leal miembro del Partido Comunista de Cuba.
Aunque ha evitado los reflectores desde que se retiró en 2021 como jefe del Partido Comunista de Cuba, muchos creen que mantiene una enorme influencia, un hecho subrayado por la relevancia de su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, quien anteriormente se reunió en secreto con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
El derribo de las dos aeronaves Cessna operadas por Hermanos al Rescate en 1996 fue un momento decisivo en medio de décadas de hostilidades entre los dos países.
En ese momento, el presidente Bill Clinton exploraba con cautela la manera de reducir las tensiones con la isla, un adversario de la Guerra Fría, pero enfrentaba una fuerte oposición de exiliados que organizaban sobrevuelos por La Habana para arrojar panfletos anti-Castro y ayudaban a balseros cubanos que huían de la mala situación económica y del gobierno de partido único.
Los cubanos habían advertido durante meses a Washington que estaban preparados para defenderse de lo que consideraba provocaciones deliberadas. Pero esos llamados no fueron atendidos y el 26 de febrero de 1996, aviones de combate MiG-29 de fabricación rusa dispararon misiles que derribaron dos aviones desarmados apenas fuera del espacio aéreo de Cuba, según una investigación realizada por la Organización de Aviación Civil Internacional. Un tercer avión, en el que viajaba el líder de la organización, apenas logró escapar.
“Con el beneficio de la retrospectiva, parece que el motivo de los Castro era frenar el acercamiento de Clinton porque necesitaban a Estados Unidos como enemigo externo para justificar su postura de seguridad nacional”, dijo Richard Fienberg, quien en ese momento trabajaba en temas relacionados con Cuba en el Consejo de Seguridad Nacional.
Fue un éxito rotundo, destacó Feinberg.
Poco después del incidente, el Congreso de Estados Unidos aprobó lo que se conoció como la Ley Helms-Burton, que codificó un embargo comercial promulgado en 1962 el cual hizo que fuera mucho más difícil para los próximos presidentes estadounidenses relacionarse con Cuba.
Hasta la fecha, Estados Unidos ha condenado sólo a una persona por asociación delictuosa para cometer asesinato en relación con el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Gerardo Hernández, líder de una red de espionaje cubana que fue desmantelada por el FBI en la década de 1990, fue sentenciado a cadena perpetua. Fue liberado por el presidente Barack Obama durante un intercambio de prisioneros en 2014 como parte de un intento por normalizar las relaciones con Cuba.
Dos pilotos de combate y su oficial al mando también han sido acusados formalmente, pero están fuera del alcance de las fuerzas del orden estadounidenses mientras viven en Cuba.



