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Los Misterios que Nunca Abandonaron la Monumental

Por Carlos Tovar 

Valencia custodia entre sus entrañas un coloso de concreto que, lejos de apagarse, susurra. La Plaza de Toros Monumental no es solo una estructura que se desvanece bajo el sol y la lluvia; es un ser dormido que, en la quietud de la noche, despierta para revivir sus fantasmas. Aunque las capas de polvo y el moho pinten de olvido sus muros, hay algo que el tiempo no ha logrado silenciar: el eco de su propio pasado.

Corría el año 1968 cuando se inauguró este titán arquitectónico, diseñado para albergar el valor, la música y la alegría. Por su ruedo desfilaron diestros legendarios como Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, cuyos nombres quedaron grabados no solo en los programas de mano, sino, quizás, en la misma energía del lugar. Sin embargo, la paradoja más profunda de la Monumental yace en su silencio: a pesar de la fiereza del toreo, la arena nunca se tiñó con la sangre de un torero. La tragedia, caprichosa, eligió otros escenarios dentro del mismo recinto.

En 1973, los acordes psicodélicos de Carlos Santana resonaron bajo el cielo valenciano. Miles de almas, en un éxtasis colectivo, llenaron la plaza. Pero la fiesta se tornó sombría. Entre la multitud, una joven, Griselda Castillo, perdió la vida, y un hombre, en un acto incomprensible, se lanzó al vacío desde las alturas. Se dice que, en las noches de octubre, si se agudiza el oído, no es la guitarra de Santana lo que se escucha, sino un grito lejano que se pierde entre los aplausos fosilizados en el tiempo.

El eco de esta tragedia palidecería años después, en 2001, cuando la inocencia fue la víctima. Una estampida humana, un disparo al aire, el pánico. Catorce personas, diez de ellas niños, encontraron su final en las puertas de la plaza mientras esperaban un espectáculo de televisión. Hoy, los vecinos juran que a veces se ven sombras pequeñas y fugaces corriendo por las gradas vacías, jugando a un escondite eterno en los pasillos desolados. No son apariciones de terror, sino una triste réplica de la alegría que un día les fue arrebatada.

El abandono ha convertido a la Monumental en un santuario para lo inexplicable. Los indigentes que pernoctan entre sus ruinas modernas relatan encuentros con una presencia imposible: un toro negro, espectral, que emerge de la nada para observarlos con ojos que no son de este mundo, solo para desvanecerse en la siguiente sombra. ¿Es acaso el guardián de una tradición que se resiste a morir? ¿O es la materialización del miedo y la pena que impregnaron estas paredes?

Las obras de arte que una vez embellecieron el lugar ahora son testigos mudos de esta decadencia. La “Fisicromía” de Cruz Diez, sepultada entre la basura, y el imponente “Toro Monumental” de Zabaleta, luchando contra el avance de las trinitarias, parecen simbolizar esta batalla entre la memoria y el olvido. Los bustos de los toreros, elaborados por Alexis Mujica, observan desde su pedestal cómo la naturaleza reconquista el concreto, como si el mismo edificio estuviera siendo reclamado por la tierra.

La Monumental respira. Exhala melancolía e inhala los suspiros de un pasado que se niega a ser solo un recuerdo. Los aplausos que los vecinos escuchan no son un mero efecto acústico; son el latido de un corazón colectivo, la nostalgia hecha sonido. Este coloso no es solo una ruina; es un archivo de emociones, un lugar donde las risas y los lamentos quedaron atrapados en el tiempo.

Mientras Valencia debate su futuro, la plaza permanece en pie, desafiante. Quizás, su renacer no esté en volver a ser lo que fue, sino en transformarse en un faro cultural, donde los aplausos que retumben sean reales, dedicados al arte y la vida. Pero hasta entonces, sus misterios seguirán viviendo entre sus grietas, recordándonos que algunos lugares no están hechos solo de cemento, sino de las historias que, como fantasmas, eligen no marcharse nunca.

LEYENDA-1 La Plaza de Toros Monumental no es solo una estructura que se desvanece bajo el sol y la lluvia; es un ser dormido que, en la quietud de la noche, despierta para revivir sus fantasmas

LEYENDA-2 Plaza de Toros Monumental de Valencia Inaugurada en (1968) fue Diseñada por El Arquitecto Venezolano Peter Albers Acosta Construida en Ocho

LEYENDA-3 La Monumental respira. Exhala melancolía e inhala los suspiros de un pasado que se niega a ser solo un recuerdo

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