Por TED SHAFFREY, JOHN WAWROW y TIM REYNOLDS
NUEVA YORK (AP) — Jalen Brunson quedó boquiabierto al enterarse de lo mucho que había subido en la reventa la entrada más barata en Nueva York para el tercer partido de las Finales de la NBA entre los Knicks y los Spurs.
Pero lo que dejó prácticamente mudo al astro de los Knicks fue la pregunta de en qué boleto estaría dispuesto a gastar 7.500 dólares él mismo.
“Esa es una buena pregunta”, comentó Brunson el jueves. Hizo una pausa durante unos segundos antes de dar su respuesta: “Una actuación en vivo de Michael Jackson”.
Los precios provocan tantos sobresaltos como el video de Thriller. De Bay Ridge al Bronx y más allá, la Gran Manzana se ha vuelto loca por los Knicks.
El equipo no sólo está en las Finales de la NBA por primera vez en 27 años, Nueva York lleva una racha de 12-0 después de remontar una desventaja de 14 puntos en la segunda mitad para imponerse el miércoles 105-95 en el primer partido, disputado en San Antonio.
El segundo duelo es el viernes por la noche, también en San Antonio, antes de que la serie se traslade a Nueva York el lunes.
Parece como si toda la ciudad estuviera a bordo. Estuvieron los miles que llenaron el Madison Square Garden para ver el partido en la pantalla gigante, y a ellos se sumaron miles más celebrando afuera, a la sombra del Edificio Empire State iluminado con el azul y naranja de los Knicks.
La MTA —autoridad de transporte de la ciudad— se sumó al ambiente pintando varias paradas de metro alrededor del estadio con los colores de los Knicks. Y el alcalde Zohran Mamdani incluso firmó una orden ejecutiva para levantar temporalmente la hora en que los niños deben irse a dormir.
Los cánticos de “¡Knicks en cuatro!” estallaron poco después de la medianoche, mientras los aficionados trepaban postes de luz e incluso se subían a una ambulancia afuera del MSG.
Escenas similares se captaron en una fiesta gratuita para ver el partido en Central Park y en los cinco distritos.
En un bar de Brooklyn, los aficionados se desbordaron hacia la acera exterior para ver el partido en el televisor que estaba adentro. En una pizzería a unas puertas de distancia, los aficionados se reunieron alrededor de un televisor de pantalla plana que alguien montó en el maletero de un auto.
Todo esto por la oportunidad de formar parte de lo que podría ser historia que lleva 53 años gestándose, desde que Willis Reed y compañía llevaron por última vez un título de la NBA a lo que era y, evidentemente, sigue siendo una metrópolis enloquecida por el baloncesto. El entusiasmo en la ciudad ha eclipsado gran parte de la conversación sobre el Mundial, que comienza en una semana.
“Honestamente, me siento agradecido de estar aquí y vivir esto de los Knicks, haciendo lo que no hemos hecho en mucho tiempo”, manifestó Owen Odigie, al celebrar la victoria del primer partido dentro del Madison Square Garden. “Es especial. Es hermoso”.
El ala-pívot de los Knicks Karl-Anthony Towns pudo sentir la energía de la Gran Manzana a casi 3.000 kilómetros de distancia, en San Antonio, después del encuentro inicial.
“Se siente la energía en la ciudad, la garra, el esfuerzo, el trabajo duro que tienes que poner para salir adelante en la ciudad”, expresó Towns, oriundo de Nueva Jersey y de madre dominicana. “Creo que reflejamos a todos nuestros aficionados… cuando pisamos esa cancha con una camiseta de los Knicks”.
___
Wawrow informó desde Buffalo, Nueva York, y Reynolds desde San Antonio.




