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Occidentalismo, orientalismo, saber técnico, saber profundo: Por Carlos Raúl Hernández

“En la guerra los jóvenes mueren y los viejos negocian” (Le escupe Aquiles a Agamenón cuando este le quitó a Briseida)

Carlos Raúl Hernández

Para muy bien y también para no tan bien, el método de razonamiento de la física clásica, Galileo-Newton, nace en occidente, pasa a las demás ciencias fácticas, se torna Revolución Industrial y su eficacia no se discute. El racionalismo positivista se extendió por todo el planeta tierra y el planeta científico. Aun así, repudiables secuencias cometidas por Occidente, permitieron a los antioccidentalistas cuestionar lo incuestionable: la superioridad de la modernidad sobre el ancien régimen, de la democracia sobre la tiranía, de las economías abiertas sobre las patriarcales y del Humanismo occidental sobre lo que Marx llamó despotismos asiáticos.

 Así la izquierda se hizo anacrónica, cultora del pasado. Repudian a “Occidente” como si Mao, Stalin, Atila, Fidel, Idi Amín, Mugabe, Haile Mariam, Moctezuma, Atahualpa, Genghis Kahn, Quin Shi Wang, Hirohito, hubieran sido colegialas o Hijas de María benefactoras. Tan palmaria esa realidad que desde la “occidentalización económica” de los 80, China, Japón, Rusia, Vietnam, Cambodia y un amplísimo arco de países asiáticos y africanos, asumieron el modelo económico industrial- comercial y hoy son países de crecimiento acelerado. Pero se habla como si las historias de África, Asia, las comunidades precolombinas, hubieran sido idilios, mundos de amor, cuando eran espacios del horror.

No ha avanzado igual la “occidentalización política” y en muchos de esos países, las mujeres son esclavas y víctimas de tortura cotidiana. Ellas no pueden descubrir el rostro, escoger sus maridos, ni salir sin custodia de “tutores”, además de que la pedofilia es tan institucional como arrojar a los homosexuales desde los techos. Azotan en público a ladrones o cortan sus manos.  En el mínimo espacio territorial europeo (cabe 4.5 veces en Asia y 3 en África), desde los griegos pasando por el Renacimiento hasta la Inteligencia Artificial, surge el mundo moderno, secular, las instituciones laicas; la igualdad-hombre mujer, la libertad de pensamiento y expresión.

El Estado de Derecho, el desarrollo tecnológico, la noción del crecimiento económico, los Derechos Humanos, el poder limitado, la noción de individualidad frente a la comunidad. En la sociedad actual, la cultura predominante se basa en los derivados lógicos de la razón, gracias a la ciencia, la tecnología, el conjunto del conocimiento y la episteme. El romanticismo alemán del siglo XVIII se levanta inútilmente contra el racionalismo imperante y contrapone los valores de la cultura y “la pureza” popular, el espíritu nacional, la patria, la religión, el saber natural de los humildes, la intuición y en términos básicos, la importancia del sentimiento, la pasión, los mitos, la superstición, la poesía, el folklore, como “esencia de la verdad”. Willian Blake nos dice “Dios es un poeta, no un ingeniero”.

Aunque vivimos en un mundo positivista, de grandes rascacielos, viajes al espacio exterior y comunicaciones a velocidad lumínica, hoy vemos una involución del occidente democrático ante la occidentalización económica de otras regiones. Estas alturas el desarrollo del conocimiento, al estudiarlos analítica y objetivamente, podemos aceptar que el racionalismo y el irracionalismo no son necesariamente incompatibles. La exploración tanto de las pasiones humanas gracias a Freud y del  mundo sub atómico comporta una revolución en el conocimiento, aún poco difundida, que tiende a coincidir con algunas filosofías orientales, tal como lo demostraron Oppenheimer, Niels Borh y Heisenberg, no precisamente unos aficionados.

La nueva física, basada en las teorías de la Relatividad y la Quántica, empalma con el hinduismo, el budismo y el Tao en rasgos básicos de su visión del mundo. “Las analogías de la física moderna aparecen no sólo en los Vedas, el I Ching, o los sutras budistas, sino también en los fragmentos de Heráclito, en el sufismo de Ibn Arabi, o en las enseñanzas del hechicero”, dice el físico Fritjof Capra en su super recomendable obra El Tao de la física. El rescata la intuición de sus versiones populares, “intuición femenina”, “corazonada” y demuestra su función en las mayores complejidades del saber profundo.Tal como las hiper ciencias actuales, las filosofías orientales, surgidas hace miles de años, cuando no existían nociones inherentes al método, observación, cuantificación, medida, verificación, trabajaban con intuición e introspección. Hoy los estudios sobre los bloques de energía sub atómicos, las quantas, principios fundantes de la física actual, operan con realidades invisibles y por lo tanto, no mensurables y se les estudia a través de intuiciones, deducciones e incluso poesía. Capra cuenta de un experimento de aceleración de partículas realizado en el MIT; los investigadores consiguieron partículas extrañas que era “imposible” estuvieran ahí, en virtud de los extremísimos cuidados del experimento.

 El asombro crece y repiten   tantas veces el experimento con iguales resultados hasta llegar a la asombrosa conclusión intuitiva de que solo podrían ser partículas de pensamiento de quienes asistían a la prueba. Esto abre la posibilidad de sugerir explicaciones científicas a la telepatía, la comunicación de personas en el sueño, que no deben negarse, sino explorarlas y situarlas en un espacio tentativo, aunque  no comprensible desde nuestras perspectivas positivistas. Y además confirma in extremis una tesis aceptada en la investigación científica: la acción de conocer por el “sujeto” modifica el “objeto” porque están inextricablemente unidos. La intuición opera como un lanzazo en momentos de relax del científico.

Arquímedes disfrutaba en una bañera y de pronto recibe el relámpago. Descubre que un cuerpo flota porque genera una fuerza equivalente al peso del líquido que desaloja. Newton reposaba debajo de un manzano y la caída de una fruta le hizo entender la fuerza de gravedad. Ya Kant, cuestionando la Ilustración, planteaba que los prejuicios, las intuiciones, los mitos, eran puntos para procesar y producir conocimiento. La fragmentación percibida del mundo se denomina avidya, confusión. “Cuando la mente está confundida ve las cosas como múltiples, pero cuando está tranquila, desaparece la multiplicidad” dice el poeta indio Ashavagosa.

El estado en que se aprecia la totalidad es la iluminación, conocimiento superior que da el poema mencionaré a. William Blake, adelantado al psicoanálisis quien dice “el que desea, pero no actúa, engendra peste”. La mujer de Roldán sueña la muerte del héroe: “doña Alda dormido se ha…los gritos daba tan grandes, que se oían en la ciudad/ ‘un sueño soñé doncellas, que me ha dado gran pesar” / (llega el día de mañana, cartas de fuera le traen/ tintas venían de dentro, de fuera escritas con sangre/que su Roldán era muerto en Roncesvalles”. La gloriosa Emily Dickinson dice “Tras un dolor profundo, llega una sensación formal/Los nervios se sientan ceremoniosos, como tumbas/ El corazón rígido pregunta ‘fue él quien te dio luz…ayer o hace siglos?’ ”.

@CarlosRaúlHer

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