EE. UU. alivia temporalmente el embargo al crudo ruso para estabilizar el mercado global
La administración Trump autoriza por 30 días la comercialización de petróleo cargado antes del 12 de marzo. Según el Tesoro, la medida busca inyectar 100 millones de barriles al mercado para frenar la escalada de precios por la guerra con Irán.
WASHINGTON. — En un giro táctico destinado a contener el alza de los precios del combustible, el Gobierno de los Estados Unidos anunció el levantamiento temporal de las restricciones a los buques petroleros procedentes de la Federación Rusa. La medida, que tendrá una vigencia inicial de un mes, permitirá la venta de crudo que ya se encontraba en tránsito o cargado antes del pasado miércoles.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, justificó la decisión como una necesidad para «ampliar el alcance global del suministro existente». Con el petróleo superando la barrera de los 100 dólares debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz, Washington busca aliviar la presión sobre los consumidores finales inyectando una oferta que el Kremlin estima en 100 millones de barriles.
Bessent fue enfático al aclarar que este movimiento no representa un cambio en la política de sanciones de largo plazo contra el gobierno de Vladímir Putin. Según el análisis del Tesoro, el beneficio financiero para Rusia será mínimo por las siguientes razones:
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Petróleo en tránsito: La autorización se aplica exclusivamente a cargamentos previos al 12 de marzo, lo que limita el volumen de nuevas operaciones.
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Estructura impositiva: El funcionario explicó que Moscú recauda la mayor parte de sus ingresos en el punto de extracción (regalías e impuestos a la producción) y no en la fase logística o de comercialización de barcos que ya están en alta mar.
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Plazo perentorio: Se trata de una ventana de 30 días diseñada para evitar un desabastecimiento crítico en Asia y Europa mientras continúa el conflicto en el Golfo Pérsico.
Aunque la medida ha sido recibida con alivio por los grandes importadores, ha generado fricciones con la Unión Europea, que mantiene una postura más rígida respecto al crudo ruso. Sin embargo, para la administración de Donald Trump, la prioridad inmediata parece ser evitar una crisis energética global de magnitudes similares a la de 1970, utilizando el suministro ruso como un amortiguador temporal frente a la parálisis de los puertos en el Medio Oriente.



