Un hombre fue rescatado con vida de entre los escombros en la zona de la OPP25, en La Guaira, durante las labores de asistencia posteriores al evento sísmico ocurrido el pasado 24 de junio; no obstante, el ciudadano falleció poco después de recibir atención inicial en el lugar del suceso, generando una profunda preocupación tanto en los organismos de seguridad como en la comunidad afectada.
Según un video difundido por la periodista Maryorin Méndez en su cuenta de Instagram, la víctima fue extraída de la estructura colapsada por un grupo de voluntarios y rescatistas, quienes procedieron a brindarle primeros auxilios y administrarle oxígeno mientras aguardaban la llegada de personal especializado. Pese a los esfuerzos iniciales, el desenlace fatal ha puesto bajo la lupa la logística de los operativos de respuesta tras la tragedia.
Integrantes de Protección Civil han señalado que el operativo presentó serias fallas de coordinación, argumentando que la intervención de personas no capacitadas en el área influyó negativamente en el manejo del paciente. Asimismo, se reportó que la presencia masiva de familiares y voluntarios en la zona de peligro dificultó la aplicación de los protocolos de emergencia estandarizados para escenarios de desastre. Al respecto, especialistas en gestión de riesgos han advertido que, en situaciones de colapso estructural, la actuación debe ser estrictamente coordinada entre rescatistas, personal médico y cuerpos de seguridad, debido a que los sobrevivientes suelen sufrir el llamado síndrome de aplastamiento, una condición clínica que exige maniobras médicas precisas para asegurar la supervivencia.
Este trágico episodio ha abierto un intenso debate sobre la necesidad de optimizar la organización de los operativos de búsqueda y rescate, reforzando la capacitación y el cumplimiento de los procedimientos técnicos necesarios para proteger la vida en situaciones de alta complejidad.


