La Vicepresidenta Ejecutiva (E) calificó el Laudo de 1899 como un «fraude» y advirtió que el camino de la judicialización solo profundiza la ilegalidad internacional.
Por: Redacción La Calle
En un escenario de alta tensión diplomática, Venezuela reafirmó este lunes su posición histórica sobre la controversia territorial del Esequibo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en Países Bajos. Delcy Rodríguez, actuando como Presidenta encargada, fue tajante: para Caracas, la única vía constitucional y legal sigue siendo el Acuerdo de Ginebra de 1966.
Durante su intervención, Rodríguez no escatimó en adjetivos para referirse al Laudo Arbitral de París de 1899, tildándolo de «amañado» y un «fraude» que no puede regir las relaciones actuales entre naciones vecinas. “Un fraude no puede resolver controversias”, sentenció ante los medios, subrayando que la soberanía nacional no es negociable en tribunales que el Estado venezolano no reconoce para este fin.
La apuesta por el diálogo directo
La delegación venezolana sostiene que la CIJ carece de jurisdicción para resolver el diferendo, argumentando que la judicialización del caso —impulsada por Guyana— es un salto al vacío que ignora la naturaleza del conflicto. Rodríguez insistió en que el futuro de ambos pueblos depende de sentarse a la mesa:
«Al final del camino solo queda una opción: la negociación directa. Lo digo por el bien de Guyana y de Venezuela. Nuestros pueblos están entrelazados y lo estarán por siempre», afirmó la funcionaria, haciendo un llamado a la diplomacia bilateral sobre la presión de terceros actores.
Defensa técnica y política
Más allá de la retórica, la vicepresidenta elogió el trabajo del equipo jurídico que ha documentado las irregularidades del laudo centenario desde 2018. Según Rodríguez, Venezuela ha logrado demostrar la «ilegalidad internacional» en la que se basa la pretensión de Georgetown.
El mensaje enviado desde La Haya es claro: Venezuela no cederá en su defensa territorial y considera que cualquier sentencia que ignore el Acuerdo de Ginebra será letra muerta. Mientras tanto, la expectativa crece en el país, donde la cuestión del Esequibo se mantiene como un punto de honor que trasciende las diferencias políticas internas, apelando a la unidad nacional y a la integridad del mapa republicano.




