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lunes, febrero 26, 2024
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Cuentos de amor, de locura y de muerte

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Carlos Raúl Hernández

 

Lady Gaga se presentó en pantys en el aeropuerto de Los Ángeles, para escándalo de una ciudad que creía haber visto todo. En otra ocasión anunció hacerse un casco transparente lleno de cucarachas vivas, premio a la predilección de estos bichitos por su música frente a otras cantantes, según experimento de una universidad norteamericana. La extravagancia de sus actos, hacía que algunos desatendieran su excelente voz. En varias ocasiones hizo consideraciones más que sombrías sobre la vida. ¿Cómo concentrarse para oírla en You and I  http://youtu.be/9_hXAHWUJBo mientras adivinamos si saldrá disfrazada de brontosaurio? Unos viven para vivir, causan bienestar en el prójimo, y otros están fuera de lo que llamamos “normalidad”. Mientras escribo, veo la noticia de que gran parte de la población europea presenta alguna forma de sicopatología. Y qué decir de los islámicos que patean y dan trompadas a las mujeres en calles de Roma, Barcelona, Berlín, La Haya o queman viva a la gente. En occidente luchamos por disfrutar el simple hecho de estar vivos, pero otras creencias aman la muerte, apedrean a una mujer por hacer el amor. Difícilmente alguien sostenga que Madonna o Jennifer López son grandes cantantes, pero llevamos 30 y 40 años hablando de ellas. López recibió la mañana de año nuevo de 2000 detenida en una comisaría newyorquina después de un escándalo en una discoteca con disparos protagonizado por su novio rapero, Puff Daddy, y para completar, tragarse la flecha varios quilómetros en la Quinta Avenida. Mucha gente daba su carrera por finalizada, perdió el contrato de imagen de Lanvin, que hoy debe estar arrepentido. Pero se recuperó y se hizo la mujer más poderosa de Los Ángeles, según People.

Afrontamos grandes y pequeñas tragedias personales, se superan y adelante. Algunos caen tratando de estirar las sensaciones más allá de fronteras sensatas, como el héroe inolvidable de las artes marciales, David Carradine, ahorcado en el closet de un hotel en Thailandia por practicar una técnica asiática para elevar la resistencia del desempeño sexual, cuando en la farmacia se consigue de todo, desde Pringles. Algunos casos están rodeados de ironía y autodestrucción. Peggy Entwistle creía derrotadas sus aspiraciones como actriz, y se lanzó precisamente desde la letra “H” del megaletrero de Hollywood, en 1932. Al día siguiente de la aparición del cadáver, llegó a su casa la propuesta de contrato con un guión para ella, enviado por un estudio importante. Lucy Gordon muñeca maravillosa y fugaz de El Hombre araña III, deprimida por el suicidio de su amigo íntimo meses atrás, puso fin a su esplendorosa vida ahorcándose dos días antes de cumplir 30 años mientras su novio oficial dormía. La sexi, naif, conejita de Play Boy, Anna Nicole Smith, se ahogó en vómito después de un premeditado cocktail de antidepresivos y somníferos. Elvis es de las estrellas pop más importantes de la historia, el símbolo cross-over, que puso a los jóvenes del planeta entero a moverse con la música negra, fundió mágicamente la música country con el rock, y de vez en cuando es necesario oír Love mi tender y Heartbreak Hotel. Murió a los 42 años de un ataque cardíaco inducido por drogas legales, y parecía un anciano. Marilyn, una de las cinco mujeres más sensuales del siglo XX, según uno de sus biógrafos, nada menos que Norman Mailer (otra es Joyce Carol Oates), muere también empastillada a los 36, en el máximo de su fama. Luego de morir se recopilan sus poemas y cartas en el libro Fragmentos.

También Heath Ledger, el genial Guasón, muere por pastillas. Una de las mujeres más bellas que se recuerden (85-62-85 y 1.85 de estatura) fue la rusa de Vogue, Ruslana Korshunova, conocida como Rapunzel rusa, por su melena roja encendida, modelo también de Donna KaranVera Wang, en la portada de Elle.  Fue más ruda y se lanzó de un piso 9 en NY. Le faltaban 4 días para cumplir 21 años. Amy Winehouse cumple los 23 de julio aniversario de su última muerte. En su canción  Back to Blackregreso al luto, http://youtu.be/GI1Mc27h42k  como dice: “morí cien veces”. Vivía deprimida porque no era muy fuerte emocionalmente y su marido le cobraba 300 dólares por acostarse con ella. Se ubica en el puesto 26 entre las más grandes cantantes femeninas de todos los tiempos. Algún crítico dijo que las canciones Amy eran un como “un laboratorio de emociones”, una especie de sicoanálisis al revés, que penetraba hasta el alma del oyente y más allá. Una química prefabricada en “dosis correctas” para vender el producto, porque el material era su inmenso sufrimiento. Quien dice semejante necedad se atrevió a escribir sobre alguien de quien no sabe absolutamente nada. Deambulaba por Londres en la madrugada, borracha, drogada http://youtu.be/LmfePM4I0J4 sin saber dónde estaba, descalza, en sostenes y con los pies llenos de excremento.

Escribió casi todas las canciones de sus dos amargos discos, Frank (2003) en homenaje a Sinatra y Back to Black (2007). Mientras componía las del segundo, se hundía cada vez más en la depresión y su extraño e incurable dolor. En Rehab http://youtu.be/8c56w-Bu6x8 cuenta su rechazo a ponerse  en rehabilitación. Su padre, un degenerado convertido en celebridad, publicó un libro y declaró que mantenía conversaciones con su hija desde el más allá. Hace poco la madre del presidiario Blake Fielder-Civil, su ex marido, también chulo, dio a conocer unas cartas desesperadas de la cantante, pocos meses antes de morir, en las que le imploraba que tuvieran un hijo. Muere después da bajarse, sola, dos botellas de vodka. El reconoce que la metió en el camino del crack y la heroína. Dicen los entendidos que nadie se suicida si no es en medio de un ataque de locura, aunque el poeta Cesare Pavese anunció diez años antes la fecha exacta en la que se quitaría la vida como cuenta en su extraordinaria obra testamento El oficio de vivir, donde explica que lo hace por sufrir de eyaculación precoz. Completar una definición satisfactoria de insania no ha sido fácil para el sicoanálisis, ni para Michel Foucault, sicópata grave el mismo, a pesar de su tratado de dos tomos, Historia de la locura. La normalidad, pitanza, cama, trabajo, es conformista y no da el combustible vital necesario para considerarse superior y gobernar a los demás, razón de ser de todo político. ¿Cuál es el toque tolerable en un líder o un gobernante, la demencia corriente, que menciona Marco Ferreri?

La antisiquiatría quiso demostrar que la locura era subversión en una sociedad que había que destruir, por lo cual el enfermo era un revolucionario lustral, y la siquiatría “disciplina reaccionaria”. Creo haber mencionado aquel libro espeluznante (Los locos que nos gobernaron) cuya tesis es que en la política se requiere una cierta dosis de insania aleteando bajo la tapa de los sesos. Uno de los más brillantes primeros ministros de Canadá, recordado como un verdadero sabio benefactor, le dio la sorpresa al mundo cuando, años después de su muerte, se descubrieron en su diario resúmenes de las conversaciones que todas las noches, según escribió, sostenía con Dios, a quien consultaba una a una las medidas de gobierno. Juana de Arco hablaba con el más allá y eso le dio fuerza para la inmolación. Santa Catalina, tan importante en el período de las confrontaciones papales de Avignon, tenía una irregularidad en el anular. Aseguraba haberse casado con Cristo, quien la había desposado “no con oro, sino con un anillo de su Santa Carne, que le quitaron de su cuerpo sagrado al circuncidarle” (el prepucio de Jesús). Catalina pasaba días enteros leyendo El cantar de los cantares (“bésame de besos de tu boca, que son dulces tus amores más que el vino”) hasta que un día se le apareció Cristo y la besó “con un beso que la llenó de amor inexpresable”. Otros se sienten representantes “del pueblo” y el ciudadano Robespierre quería vivir como “el más pobre de los ciudadanos”, dormía en un catre y en vez de dedicarse a gobernar, le dio por matar todo lo que se moviera, incluidos sus compañeros, para limpiar Francia de la corrupción. Murió sin la trastornada cabeza que le asignó la genética.

@carlosraulher

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