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jueves, abril 18, 2024
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¿Por qué se hunden los países?

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  • Por CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
Los “estados fallidos” desde finales del siglo XX fueron los revolucionarios. El mundo socialista y sus satélites se desploman desde 1989; la URSS se desintegra en quince países en 1991, Checoeslovaquia en1993, y de Yugoslavia surgen 7 banderas entre 1991 y 2003. Alemania Oriental cae y la absorbe Alemania Occidental, Vietnam asume la economía abierta y a Ucrania la salva la actual guerra. Cuba iluminó la comedia tercermundista global y hoy después de 65 años, se hunde en el Caribe y a nadie le importa quién la gobierna. Venezuela aleja el riesgo y declara identificarse con el hipercapitalismo chino, para conjurarlo. Pero si el socialismo mata los estados, las “sanciones” solo los incapacitan, pero sí colapsan a la sociedad, como intentaremos demostrar. Salimos del “círculo de tiza caucasiano” Giordani-Tarre: un esquema revolucionario, por lo tanto entrópico y una oposición revolucionaria que aspiraba abatirlo depauperándonos, también entrópica. “Cubanizar” para mantenernos dependientes del Estado o, al contrario, provocar golpes militares, invasión, guerra civil, pero fallaron en dividir las FF. AA. Los estudiosos del Estado fallido, fracasado, desestructurado, distinguen entre los que llegaron a serlo y los amenazados de serlo.

Para Robert Rotberg, no cumplen las tareas mínimas para sobrevivir y estallan guerras civiles y secesiones. Susan Woodward señala que pierden el monopolio legítimo de la fuerza, el control del espacio público y de las cárceles, arrebatados por pandillas, grupos guerrilleros o narcotraficantes. El Estado no puede enfrentar problemas normales de la ciudadanía, ni evitar el comercio de personas. No responde a sus compromisos internacionales y deudas, pero los jerarcas poseen grandes cuentas en los paraísos fiscales. La distribución comercial de alimentos, medicinas, desaparece y hay desabastecimiento, epidemias, hambrunas, en economías inmanejables. Policías se hacen delincuentes con fuero legal, a otros los asesinan para robar sus armas, la fuerza pública no tiene medida para reprimir protestas. Matan, torturan mientras la criminalidad y las drogas se apoderan de las calles, el Estado de Derecho se disuelve, los poderes judicial y legislativo están en manos del gobierno y de fuerzas armadas corruptas. Infraestructura moderna destruida, robo de cableados eléctricos y telefónicos. Los alimentos de Naciones Unidas para África, llegan a manos de Señores de la Guerra que comercian por armas ultramodernas.

Desde los 60s, profesores europeos y norteamericanos, respaldaron el tercermundismo, el terrorismo y el socialismo africano, avances soviéticos de traje anticolonial que llevaron África a extremos inimaginables de miseria y casi extinción. De allí surgió la empatía con atrocidades de musulmanes, negros, asiáticos, “pueblos originarios”, a nombre de la identidad cultural. El diferencialismo o multiculturalismo rechazó la herencia jurídica, sanitaria, institucional y simbólica de occidente, con pérdida de la infraestructura de servicios legada por las potencias, pero ¡claro! los revolucionarios en el poder mantuvieron el extractivismo para comerciar armas. Con la revolución de Al-Bhasir desde 1989, Sudán vivió dos guerras civiles y se dividió en 2011. Níger, Liberia, Zaire, Leshotto, Sierra Leona, Zambia, Congo, Zimbawe, Sudán Etiopía, Somalia Burundi y otros viven miseria atroz con un ingreso per cápita anual de 500 dólares o menos, ingesta diaria por debajo de mil calorías, muerte por males curables y hambre antes de los 35 años. En Asia, Siria partida en cinco al borde del colapso, fallida igual que Yemen, Libia, Afganistán e Irak (antes y después de la ocupación). Norcorea, Myanmar, Uzbekistán, Turkmekistán las mafias oficiales traban y destraban los procesos económicos, y son obstáculo feroz para la vida social, la actividad productiva.

Es la paradójica tesis marxista (de Marx) y anarcocapitalista del final del Estado, solo cumplida en países ineptos para sobrevivir, garantizar alimentación, salud, estabilidad, seguridad pública y fronteras. El economista español Huerta de Soto, maestro de Milei, propone disolver el Estado-Nación en microestados, tesis triunfante en el desastre y que coincide con ETA-Bildu, Esquerra y secesionistas globales. Los expertos acuñaron la categoría de nation-building, políticas para la rehabilitar las naciones. La Comisión para la reconstrucción de la Paz creada por la ONU, plantea la reforma del Estado. Pensador democrático, Francis Fukuyama, sostiene que sin estados actuantes con transparencia que lidericen proyectos nacionales, no hay recuperación. Según su libro La construcción del Estado (2005) deben desarrollar la ecuación Estado-sociedad, conquistar la eficiencia en la producción de bienes y servicios. Alerta que la justificada euforia por reinstalar la democracia, el libre juego de partidos, la libertad de expresión, el Estado de Derecho, suele eclipsar la sistemática reforma institucional.

El gasto público genera inflación, cuando no va a inversiones de infraestructura, educación, autopistas, salud, ferrocarriles, subterráneos, telecomunicaciones, puertos, aeropuertos, seguridad ciudadana, supervisión de la banca, seguridad social, salud, producción de energía, represas, que más bien favorecen la afluencia de capitales nacionales y globales, la productividad, el empleo y calidad de vida. Los gobiernos de Betancourt y Leoni con el Ministro Sucre Figarella, sin inflación, convirtieron Venezuela en el país más moderno del subcontinente. En las últimas décadas ocurrió en Chile, Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Panamá, etc. Pero el gasto público inorgánico para despilfarro, gasto sucio en empresas quebradas y mendicidad colectiva, hace galopar la inflación. En el otro extremo civilizacional, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, Suecia, Singapur, Suiza, Australia, Noruega, Canadá y Holanda, la ciudadanía goza de facilidades plenas para crear riqueza y empleo, ciudadanos con ingresos de entre 33 mil y 40 mil dólares, expectativa de vida por encima de 80 años, mientras un natural de Suazilandia vive 31. Botswana, un desierto en África, pasó de 70$ a 8.000$ per cápita, una de las economías de mayor crecimiento con récord de 23% en 2021. Hay que mencionar Chile y Uruguay. Esos países tienen los más altos índices económicos, sociales y culturales, porque establecieron mejores formas de organización social, economía abierta, como hizo China.

Surcorea con un per cápita de 30.762$ frente a Norcorea con 570$. Ronald Inglehart en su libro seminal sobre el cambio posmoderno, Modernización y posmodernización, cita la Encuesta Mundial de Valores. A más del 80% de los entrevistados en el Primer Mundo no les atrae ganar más dinero. Los jóvenes no conocen el hambre, poseen el arsenal tecnológico indicador de riqueza. Quien gana menos, se beneficia por pertenecer a ese entorno colectivo, como bien saben los inmigrantes. Necesitan que la sociedad los mime, los divierta, trabajan poco, mientras en los países pobres 85% ansía incrementar los ingresos y trabajan desde niños. Su principal patología se llama Síndrome X: sobrealimentación, ingesta de drogas, accidentes de automóvil, sedentarismo, alcoholismo-tabaquismo, estrés y aburrimiento (infartos, cáncer, ateroesclerosis, diabetes, ACVs, obesidad). La menor ingestión de alimentos es de personas con altos ingresos y vida más sana. Eso requiere redefinir pobreza, aunque después de la pandemia, surgen graves problemas. Hoy las muchedumbres huyen de África. Hay que saltar el anacrónico y falso debate de “capitalismo” y “socialismo”, la agenda 2030, que crea graves desajustes. En síntesis, dramas sociales, miseria, violencia, carencia de servicios de salud, agua `potable, cañerías, transporte, corrupción se resuelven cuando la gente trabaja y cree riqueza.

@carlosraulher
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