Mientras el Departamento de Estado filtra un ambicioso acuerdo para levantar sanciones a cambio del fin del programa nuclear, el Pentágono moviliza a la Fuerza de Respuesta Inmediata. El Estrecho de Ormuz y la isla de Jarg aparecen como las piezas definitivas en una partida donde Pakistán y Turquía ejercen de árbitros.
WASHINGTON / ISLAMABAD. — La administración Trump ha decidido jugar simultáneamente la carta de la pacificación total y la de la destrucción quirúrgica. Según fuentes de alto rango consultadas por The Wall Street Journal, Washington ha puesto sobre la mesa un plan de paz de 15 puntos que busca una capitulación administrativa de Irán: el fin definitivo de sus ambiciones nucleares y del patrocinio a grupos radicales a cambio del levantamiento total de las sanciones que asfixian su economía.
Sin embargo, la diplomacia del «gran trato» corre en paralelo a los preparativos de combate. El Pentágono ha confirmado el envío de 3.000 soldados de la 82ª División Aerotransportada, la unidad de élite de Fort Bragg capaz de estar en suelo hostil en menos de 18 horas. Esta movilización se suma a la llegada inminente al Golfo de los grupos anfibios liderados por el USS Boxer y el USS Tripoli, sumando otros 5.000 infantes de Marina a la zona de operaciones del Comando Central.
El «regalo» energético y el fantasma del cambio de régimen
Donald Trump, en una de sus características intervenciones desde el Despacho Oval, ha dejado entrever la existencia de un «regalo» enviado por Teherán relacionado con el petróleo y el gas. «Es algo muy bonito lo que han hecho, vale una cantidad enorme de dinero», afirmó el republicano, sugiriendo que el bloqueo del Estrecho de Ormuz podría estar cerca de ceder ante la presión económica.
No obstante, la inteligencia estadounidense, según el digital Politico, ya mira más allá del actual estamento iraní. Se examina la figura de Mohamad Bager Qalibaf como un posible interlocutor que facilite una transición similar a la liderada por Delcy Rodríguez en Venezuela: una mutación del régimen que preserve las estructuras de mando pero acepte el dictado estratégico de Washington.
La mediación asiática: El eje Islamabad-Ankara
El éxito de este plan de 15 puntos depende de hilos que se mueven en Asia Meridional. El jefe del Estado Mayor paquistaní, Asim Munir, y el primer ministro Shehbaz Sharif, han emergido como los puentes críticos entre los dos adversarios. Pakistán se ha ofrecido formalmente como sede para unas «conversaciones concluyentes» que podrían evitar que el viernes, al expirar la prórroga del ultimátum de Trump, los bombarderos estadounidenses apunten a las centrales eléctricas iraníes.




