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martes, mayo 21, 2024

EEUU: Pueblos originarios demandan a empresas de redes sociales por suicidio de jóvenes indígenas

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Por GRAHAM LEE BREWER, HALELUYA HADERO y SHAWN CHEN undefined
Dos pueblos originarios acusan a las empresas de redes sociales de contribuir a las tasas desproporcionadamente altas de suicidio entre los jóvenes indígenas estadounidenses.
La demanda, presentada el martes ante un tribunal del condado de Los Ángeles, nombra como indiciados a Meta Platforms, matriz de Facebook e Instagram; Snapchat, de Snap Inc; ByteDance, matriz de TikTok; y Alphabet, propietaria de YouTube y Google.
Prácticamente todos los adolescentes estadounidenses utilizan las redes sociales, y aproximadamente uno de cada seis describe su uso como “casi constante”, según el Pew Research Center.
Pero los jóvenes de los pueblos originarios son especialmente vulnerables a las adictivas “decisiones de diseño impulsadas por el afán de lucro” de estas empresas, dadas las históricas tasas de suicidio de adolescentes y los problemas de salud mental que afectan a la población indígena, afirmó en un comunicado de prensa Lonna Jackson-Street, presidenta de la tribu Spirit Lake de Dakota del Norte.
“Ya basta. El interminable escroleo está modificando el cerebro de nuestros adolescentes”, añadió Gena Kakkak, presidenta de la tribu Menominee de Wisconsin. “Exigimos a estas empresas de redes sociales que asuman su responsabilidad por crear intencionadamente funciones peligrosas que aumentan el uso compulsivo de las redes sociales por parte de los jóvenes de nuestra reserva”.
Empresas de redes sociales acusadas de “conducta indebida deliberada”
Su demanda describe “un plan sofisticado e intencionado que ha causado una carga continua, sustancial y a largo plazo para la tribu y sus miembros”, dejando escasos recursos para la educación, la preservación cultural y otros programas sociales.
Cada vez hay más demandas similares interpuestas por distritos escolares, estados, ciudades y otras entidades de Estados Unidos, que alegan que TikTok, Snapchat, Instagram y YouTube explotan a los niños y adolescentes con funciones que los mantienen revisando constantemente sus cuentas y las nuevas publicaciones de las otras cuentas.
La ciudad de Nueva York, sus escuelas y su sistema público de hospitales acusan a las plataformas de alimentar una crisis de salud mental infantil que está afectando el aprendizaje y agotando los recursos. Los consejos escolares de Ontario, Canadá, afirman que los profesores tienen dificultades porque las plataformas diseñadas para un uso compulsivo “han modificado la forma en que los niños piensan, se comportan y aprenden”.
The Associated Press se puso en contacto con las empresas para solicitar sus comentarios. Google afirmó que “las afirmaciones en estas querellas simplemente no son ciertas”.
“Proporcionar a los jóvenes una experiencia más segura y saludable siempre ha sido el núcleo de nuestro trabajo”, afirmó José Castañeda, portavoz de Google, en un comunicado. “En colaboración con expertos en juventud, salud mental y crianza, construimos servicios y políticas para proporcionar a los jóvenes experiencias apropiadas para su edad, y a los padres, controles sólidos”.
Snap Inc. sostiene que ofrece una alternativa a la constante actualización del contenido en línea. “Siempre tendremos más trabajo por hacer, y seguiremos trabajando para hacer de Snapchat una plataforma que ayude a los amigos cercanos a sentirse conectados, felices y preparados mientras enfrentan los muchos desafíos de la adolescencia”, dice el comunicado de la compañía.
Los niños indígenas están especialmente estresados
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), los indígenas norteamericanos presentan tasas de suicidio más elevadas que cualquier otro grupo demográfico racial de Estados Unidos, con un aumento de casi el 20% entre 2015 y 2020, frente a un incremento inferior al 1% en el conjunto de la población estadounidense.
Ya es difícil acceder a la atención de salud mental desde lugares remotos, y generaciones de colonización y estigma social han creado más barreras, especialmente cuando la atención no ha sido culturalmente apropiada, señalan algunos activistas.
Alrededor del 87% de las personas que se identifican como indígenas estadounidenses no viven en una reserva indígena, según el Censo de Estados Unidos de 2020, y las redes sociales pueden ayudarles a conectar con la tradición, la cultura y otras comunidades tribales.
Pero “también pueden sufrir discriminación en línea. Y las empresas de redes sociales no siempre tienen políticas adecuadas y útiles para hacer frente a este problema”, afirmó Andrea Wiglesworth, miembro inscrito de la Nación Séneca-Cayuga y de la tribu Shawnee, que investiga el estrés en las poblaciones indígenas en la Universidad de Minnesota.
La identidad indígena norteamericana es una compleja mezcla de experiencias políticas y culturales que varía de una tribu a otra y dentro de las comunidades indígenas, lo que añade una capa única de estrés a otras presiones sociales, explicó Wiglesworth.
“No voy a hablar en nombre de todos los indígenas, pero por la experiencia que he vivido, existe un sentimiento de responsabilidad compartida por el bienestar de nuestra comunidad y de sus miembros”, añadió. Dijo que los pueblos originarios tienen que pensar en cómo trasladar ese compromiso al mundo digital.
El cerebro adolescente está predispuesto a respuestas compulsivas
Aún no se sabe a ciencia cierta cómo afectan las redes sociales a la salud mental de los adolescentes. Según Mitch Prinstein, director científico de la Asociación Estadounidense de Psicología, los psicólogos y neurocientíficos observan la posibilidad de efectos secundarios tanto positivos como negativos, y los investigadores aún no han establecido una relación directa entre el tiempo que se pasa frente a una pantalla y los malos resultados para la salud mental.
Lo que sí saben los investigadores es que, a medida que se desarrolla, el cerebro de un adolescente construye y refuerza las conexiones que guían las respuestas a diversas interacciones humanas, y crea más receptores de oxitocina y dopamina. Según Prinstein, éste es el sistema de recompensa del cerebro, y en los adolescentes se manifiesta una necesidad tanto de retroalimentación positiva como de preocupación por los castigos sociales.
“En la década de 1980, eso significaba que de repente estábamos hablando de quién pertenece a qué grupo y quién se sienta en qué mesa a la hora del almuerzo, y si llevas la ropa apropiada para que te hagan comentarios positivos cuando vas a la escuela. En 2024, estamos haciendo posible alimentar todo esto pulsando un botón las 24 horas del día, los 365 días del año, para obtener comentarios y opiniones de los compañeros”, afirmó.
Prinstein pidió una nueva legislación en un testimonio en el Senado el año pasado, afirmando que los reguladores federales deberían tener más poder para prohibir las prácticas empresariales explotadoras y exigir a las empresas de redes sociales que protejan el bienestar de los niños en sus plataformas.
Los esfuerzos normativos se centran en TikTok
Una investigación nacional de una coalición bipartidista de fiscales generales se centra en si TikTok está perjudicando la salud mental de niños y adultos jóvenes al promover contenidos e impulsar la participación. Mientras tanto, algunos estados con gobiernos republicanos han emprendido sus propias demandas.
Utah acusó a TikTok en octubre de incitar a los niños a un uso excesivo de las redes sociales. La demanda de Indiana, que acusaba a TikTok de engañar a los usuarios sobre contenidos inapropiados e información personal insegura, fue desestimada en noviembre. Arkansas tiene dos demandas pendientes, contra TikTok y ByteDance.
Y en el Congreso, un grupo bipartidista de senadores apoya la Ley de Seguridad Infantil en Internet, que en parte exigiría cambios en el diseño de las plataformas para prevenir posibles daños. Los grupos de la industria tecnológica se han opuesto al proyecto de ley, y la Unión Americana de Libertades Civiles ha expresado su preocupación por la censura.
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Brewer informó desde Oklahoma City. Hadero y Chen informaron desde Nueva York.

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